PanamáAl pensar en emigrar a Panamá deben evaluarse los factores menos favorables de la decisión, tales como los que se enumeran a continuación:

Unas cincuenta profesiones están protegidas por la legislación panameña y su ejercicio prohibido para los extranjeros. Esto dificulta en gran medida a numerosos inmigrantes la obtención de un permiso de trabajo. Entre estas profesiones, se destacan: medicina, odontología, farmacia, enfermería, veterinaria, derecho, periodismo, sociología, economía, educación, ingeniería y arquitectura. Puede leerse la lista completa en la sección Visas panameñas.

Panamá no acepta la doble ciudadanía. Esto quiere decir que para que un extranjero adquiera la ciudadanía panameña, debe firmar un documento en el cual renuncia a su nacionalidad de origen. De lo contrario, podrá residir permanentemente como extranjero. Es importante precisar, sin embargo, que los extranjeros tienen en Panamá los mismos derechos civiles que los nacionales, excepto el derecho al voto y al ejercicio de cargos públicos.

La llegada masiva de extranjeros a Panamá, en los últimos años, ha sido percibida por una parte importante de la población local como un fenómeno social poco favorable para el país. La entrada de venezolanos, por ejemplo, es para muchos panameños “invasiva”. Esto se ha observado desde 2015, cuando los venezolanos pasaron a ser la comunidad mayoritaria de extranjeros con visas aprobadas, desplazando a los colombianos, ahora en la segunda posición, seguidos de los españoles, los italianos y los estadounidenses en el tercer, cuarto y quinto puesto de inmigrantes en número significativo en el istmo. El impacto de los extranjeros en el sector inmobiliario (que disparó el precio de los inmuebles), en la ocupación de puestos de trabajo e, incluso, en la inversión, ha creado una tensión entre la población nativa, que siente amenazado su estándar de vida. Esta molestia se evidencia en ciertos sentimientos antiinmigratorios que se expresan en privado, pero también a viva voz en los medios de comunicación, en los foros políticos, en los medios sociales y hasta en la calle. Esta lamentable situación social se ha empeorado, en algunos casos, por la conducta arrogante de unos cuantos extranjeros (un grupo de venezolanos, entre ellos), en particular inversionistas y cierto tipo de profesionales calificados, que emiten injustos comentarios negativos del país y de su gente. Es muy probable que algunos recién llegados, ajenos a este clima de conflictividad entre panameños y extranjeros, se vean señalados e involucrados antes de entender los orígenes de la tensión.

Panamá no está exento de problemas sociales. Se calcula que una cuarta parte de sus ciudadanos vive en condiciones de pobreza. En los sectores menos favorecidos, la escasez de servicios básicos (agua, electricidad, educación y salud) se nota. Esto, sin duda, representa un desafío no solo para cada uno de los niveles políticos (municipal, regional y central), sino también para los empresarios e inversionistas, que aspiren a hacer negocios en un ambiente de responsabilidad social. Por otra lado, para un sinnúmero de inmigrantes latinoamericanos la constatación de esta realidad los enfrenta a las motivaciones personales que los animaron a emprender nuevos rumbos, con el duro recordatorio de que siguen viviendo en América Latina.

El transporte público ofrece atractivas oportunidades de mejora. La red urbana e interurbana de autobuses es limitada en su alcance y demasiado irregular en su  funcionamiento. El caos urbano que esta deficiencia genera, perjudicando la calidad de vida de un sector importante de la población, se ha visto ligeramente mejorado con los Metrobuses, que han sustituido a los antiguos transportes privados conocidos como “Diablos Rojos”, que destacaban por sus coloridos diseños y por la arbitrariedad con la que prestaban el servicio. Resalta la inauguración, en 2014, de la primera línea del metro. Este novedoso sistema de transporte brilla por su eficiencia y calidad. Los taxis vienen a aliviar las necesidades de transporte de innumerables pobladores, para quienes tomar tres o más taxis diarios es parte de su rutina. Esta situación obliga a bastantes ciudadanos a adquirir vehículos (el litro de gasolina oscila entre 75 centavos y 1 dólar), incrementando notablemente su presupuesto familiar.

• A pesar de ser un país de comercio, donde los centros de compras ocupan una parte notable de la vida en la metrópolis, los panameños destacan por sus hábitos de consumo austeros. El ciudadano promedio es ahorrativo (privilegia el precio a cualquier otro incentivo de compra) y bastante etnocentrista en sus gustos (poco abierto a la novedad y a los productos y tendencias foráneos). En consecuencia, conviene evaluar muy bien el mercado antes de invertir, en especial en el sector comercio. Muchos extranjeros fracasan en sus emprendimientos comerciales porque fundamentan sus negocios en los hábitos de compra de los consumidores de sus lugares de origen y olvidan adaptarse a la actualidad del mercado panameño. Es importante, igualmente, tener en cuenta que se trata de un país de apenas 4 millones de habitantes, es decir, un mercado bastante pequeño.

• En Ciudad de Panamá, pese a su reciente modernización (evidente, por demás, en el paisaje arquitectónico de la metrópolis), la oferta cultural y de entretenimiento es limitada. El uso del tiempo libre en la urbe se reduce a la actividad comercial, circunscrita al recorrido en los centros comerciales. Teatro, música, danza, artes visuales, museística y otras modalidades similares son escasos. Se reconocen, desde luego, valiosísimas excepciones, como la programación cultural que se desarrolla en el Casco Viejo de la ciudad de Panamá, o en los museos del Canal, de Arte Contemporáneo, y de la Biodiversidad. Este último, inaugurado hace poco, constituye una verdadera joya en su género. También se hallan varios teatros esparcidos por la ciudad. No obstante las opciones enumeradas, para los inmigrantes latinoamericanos o europeos provenientes de grandes urbes dinámicas y muy activas culturalmente (como Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Madrid o Barcelona), esta ausencia de un circuito vivo de entretenimiento y arte pudiera ser la gran decepción que ofrezca la capital panameña.

El clima panameño es retador: caliente (entre 270 C y 300 C, en promedio) y húmedo todo el año. La estación de lluvias dura entre siete y ocho meses, y se caracteriza por frecuentes y prolongadas precipitaciones, acompañadas de relámpagos y centellas. Esta condición climática exige un consumo de electricidad elevado, derivado del uso casi permanente (y definitivamente necesario) de los aires acondicionados en casas y comercios. Más sobre el clima de Panamá aquí>>

Conviene leer también las Ventajas de escoger Panamá.

Hay diversas maneras de emigrar a Panamá. En nuestra sección Trabajar en Panamá, describimos los diferentes tipos de visas sus requisitos y características.

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