Yeraldín Camacho, ingeniera, desde Miami, Estados Unidos

fotoeeuu_peq“Conseguí una empresa americana que me contrató, me sirvió de patrocinadora y logré estabilidad económica y emocional”.

Profesión: Ingeniera de Sistemas

Edad: 31 años

Ciudad/ País de origen: Venezuela.

Fecha de salida: 4 de junio de 2001

Ciudad/ País de destino: Miami, Estados Unidos.

¿Por qué te fuiste de tu país?

Por la inseguridad social y la maxidevaluación económica existentes en mi país.

¿Qué fue lo más difícil de la decisión?

Lo difícil fue decidirme. Mi viaje se programó en dos días: fui a renovar el pasaporte a Caracas (ya tenía la visa) y compré dólares en varias agencias de viajes, aunque tenía otros ahorros en dólares. Me vine con una sola maleta y muchas ilusiones promisorias.

¿Por qué seleccionaste el país o ciudad de destino?

Porque un gran amigo de mi padre, dueño de una de las constructoras más grandes, estaba radicado en Miami. Asimismo, algunos de mis familiares, que vivían en Washington, D.C., me servirían de patrocinantes (sponsors) para estudiar en la Universidad de Florida (FIU).

Describe los primeros tiempos

Fueron traumáticos, nunca había visto tanta gente humilde, sin instrucción y sin dominar el idioma inglés, con tremendas propiedades y manejando los carros más lujosos. La influencia de la comunidad cubana también produjo una fuerte impresión en mi persona, ya que es realmente difícil describirlos sin utilizar un lenguaje peyorativo.

Describe tu situación actual

Estudié inglés durante dos años, mientras trabajaba en otra ciudad (a una hora por autopista) y dormía cuatro horas, aunque solo laboraba 40 horas semanales y descansaba sábados y domingos.

Fue imposible iniciar mi propio negocio, ya que carecía de contactos. Algunos profesionales extranjeros regalaban el trabajo por un plato de comida. Por ejemplo: cobraban 50 dólares por hacer una página web. Además, desconocía la cultura arribista antillana y ni siquiera en la frontera colombiana (Guajira) había conocido gente tan despiadada y cruel, con todo el respeto por mis hermanos neogranadinos. Específicamente, la situación de una persona que llegue a Miami, Florida, puede ser tan dolorosa como traumática.

Yo traje bastante dinero en el bolsillo, visa de turista por diez años, una carrera universitaria y once años de experiencia en mi profesión, que me hicieron presagiar que me comería el mundo americano. Sin embargo, mis errores los pagué caros: mis familiares lejanos me dieron la espalda completamente, el millonario amigo de mi padre quiso que trabajase limpiando baños en su empresa y confiar en la gente latina de Miami fue mi peor desgracia. Lo que dicen otros testimonios es verdad “Ellos te meten miedo y quieren que te mantengas así para explotarte”.

Hice enemigos por envidia casi instantáneamente. Les desagradaba que viniese con profesión, educación, roce social, clase y dinero. Por eso, me detestaban tanto. Al final, tuve que alejarme de los hispanos para salir adelante. Conseguí una empresa americana en Fort Lauderdale, Florida, que me contrató, me sirvió de patrocinadora (sponsor) y, después de casi cinco años de sudor y lágrimas, figuradamente hablando, logré estabilidad económica y emocional.

En realidad, el sur de la Florida está lleno de escoria latinoamericana: gente de bajos recursos que representan el proletariado hispano que ha venido con nula preparación y huyendo, en su mayoría, de las condiciones de miseria reinantes en sus naciones de origen. De modo que ¿cómo puedes competir con alguien que trabajará por un salario que sirve solo para comer?

Los venezolanos no estamos acostumbrados a emigrar y no hemos pasado ni la décima parte de las necesidades del resto de los latinoamericanos. Con el tiempo, conocí gente decente en Miami; pero la tendencia de la sociedad norteamericana hacia el individualismo extremo es una constante.

Mi recomendación se resume así: busquen gente realmente de confianza, que les garantice un trabajo apenas lleguen, porque Miami es una urbe cosmopolita extremadamente cara para vivir. Imagínense que un apartamento de dos habitaciones cuesta fácilmente de 1.300 a 1.500 dólares mensuales. En la actualidad, me dedico a asesorar gratuitamente a los inmigrantes, sobre todo venezolanos, para que no pasen las penurias y desgracias que afronté, sin estar preparado para ello.

¿Te arrepientes de la decisión? ¿Qué harías distinto si pudieras repetir la experiencia?

Sí me arrepiento, pero agradezco a Dios la oportunidad de crecer y madurar como ser humano. Si tuviera que hacerlo de nuevo, hubiese ido a cualquier otro estado del norte, lejos de California, Nueva York y Florida.

¿Piensas volver a tu país?

No es factible la idea de volver ni siquiera de visita, pues no me renuevan el pasaporte venezolano por haber votado en el referendo. Además, me faltan tres años para hacerme ciudadana americana. Pronto seré ciudadana de este gran país y, posiblemente, tenga problemas al ingresar a Venezuela (solo especulando un poco) y no estoy dispuesta a tolerar tal eventual situación. Sin embargo, extraño mi patria como no tienen una idea.

Testimonio publicado al 12 de febrero de 2010

 

¿Quieres enviar tu testimonial?
Sigue las siguientes instrucciones, aquí>>