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Nueva ZelandaNueva Zelanda es un país formado por gente de muy diversos orígenes. De hecho, sus pobladores suelen percibirse como una nación de inmigrantes. El multiculturalismo es un rasgo esencial de la cultura neozelandesa.

Emigrar a Nueva Zelanda – ¿Cómo son los neozelandeses?

A esa diversidad han contribuido la cultura indígena maorí, los primeros asentamientos británicos y las sucesivas olas de inmigrantes procedentes de distintas partes, irlandeses y escoses en primera línea, junto con otros europeos.

La sociedad neozelandesa se formó como una amalgama de etnias y culturas diversas, que poco a poco fue desarrollando un modo de ser neozelandés; un pueblo único, con sus propias tradiciones y forma de vida.

El estilo de vida neozelandés, multicultural y abierto a la diversidad, respeta el derecho de todos los ciudadanos a expresar y compartir las tradiciones, las creencias y los hábitos culturales de sus raíces.

Sin embargo, esta sociedad dinámica y de entramado social multiétnico, exige a sus ciudadanos el compromiso de respetar las leyes neozelandesas y los valores esenciales que constituyen el fundamento de su gentilicio.

Valores neozelandeses

Los valores neozelandeses son:

  • Respeto por la igualdad, la libertad y los valores democráticos.
  • Defensa de la democracia parlamentaria y del estado de derecho.
  • Orgullo por la herencia inglesa y respeto por la monarquía británica.
  • Búsqueda de la justicia y la paz social.

El modo de ser neozelandés

Definir el modo de ser neozelandés es una tarea difícil. La identidad nacional de ese país ha variado con el tiempo y se ha visto modificada por diversos factores históricos.

Desde percibirse como una leal colonia del imperio británico, hasta el punto de aspirar a convertirse en “los británicos del Pacífico Sur”; asumir el reconocimiento de la cultura maorí como una parte esencial del gentilicio neozelandés, pasando por el debate de elegir entre una percepción bicultural o multicultural de su identidad nacional; hasta cuestionarse si deben verse como parte integrante del Asia o como una nación del Pacífico, aun estrechamente ligada al Reino Unido.

Todos esos matices sociocultares y geopolíticos deben evaluarse a la hora de intentar describir al neozelandés típico.

De modo general, puede afirmase que los neozelandeses son francos, de espíritu libre e independiente, curiosos y abiertos a conocer otras culturas. Les gusta la idea de mostrarse como personas fuertes, adaptables, que encaran con entereza las circunstancias adversas, dotados para resistir.

Al mismo tiempo aprecian el hecho de vivir rodeados de una naturaleza generosa y disfrutan de las actividades al aire libre, los deportes y la playa.

El trabajo es combinado armoniosamente con el descanso y privilegian un estilo de vida relajado, que les permita disfrutar del confort de sus urbes modernas, plenas de ofertas culturales y recreativas.

Nueva Zelanda es una sociedad abierta a los inmigrantes, justa, respetuosa de la ley y de la convivencia social pacífica.

Los rasgos culturales más característicos de los neozelandeses son los siguientes:

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El reconocimiento de una identidad nacional distintiva

En su carácter de monarquía constitucional, Nueva Zelanda forma parte de la corona británica. La reina Elizabeth II es soberana de la nación neozelandesa.

Históricamente, un estrecho vínculo con el Reino Unido ha sido parte esencial del país, primero como colonia, luego como dominio y posteriormente como nación independiente, pero integrante de la Mancomunidad Británica de Naciones.

El paso de una identidad británica hacia una identidad neozelandesa ha sido progresivo, pero lento. El Estatuto de Westminster del 1931, que eliminó el derecho del parlamento británico a legislar para Nueva Zelanda, fue ratificado por los neozelandeses apenas en 1947.

Aunque la ciudadanía neozelandesa se creó en 1948, no fue sino hasta 1977, con la promulgación de la Ley de Ciudadanía, cuando cesaron definitivamente todos los vínculos legales con la nacionalidad británica.

En el plano comercial, el alejamiento de la “madre patria” vino con la incorporación del Reino Unido a la Unión Europea, en 1973. Nueva Zelanda perdió el acceso privilegiado al mercado británico y comenzó a buscar nuevos horizontes para los negocios, concentrado su mirada paulatinamente en el eje Asia-Pacífico, con Australia y China a la cabeza.

La identidad de Nueva Zelanda se forjó con la desvinculación con el Reino Unido, pero también con el cambio de las relaciones con la población maorí y su progresiva integración social y cultural, y con la interacción de Nueva Zelanda con otros países y culturas.

Firma del Tratado de Waitangi

La firma del Tratado de Waitangi, en 1840, estableció el ideal de que los maoríes, los aborígenes originarios, y los Pākehā (europeos) eran “un solo pueblo”. La política oficial de integración de los maoríes en la cultura europea se desarrolló en paz y armonía.

Nueva Zelanda alcanzó la reputación de ser un modelo de las relaciones raciales.

La cultura maorí se transformó en una fuente de una identidad nacional. Se adoptó el maorí como lengua oficial del país, se elaboró la versión maorí del himno nacional, numerosos diseños y símbolos maoríes entraron a formar parte de la iconografía oficial, como el koru, y los legendarios All Blacks, la selección nacional de rugby, adoptaron el haka maorí.

La cultura maorí se convirtió en un elemento esencial de la imagen pública del país. En 2006, el viceprimer ministro Michael Cullen afirmó que “los maoríes son los neozelandeses que, por definición, hacen que nos diferenciemos de cualquier otra nación”.

Política de biculturalismo

Saludo fraternal maorí, que consiste en juntar frente y nariz.
Saludo fraternal maorí, que consiste en juntar frente y nariz.

Esa arraigada política de biculturalismo ha sido paulatinamente modificada con la llegada de inmigrantes de diversos orígenes, especialmente a partir del decenio de los 80.

La inmigración trajo la vitalidad y la diversidad que hoy es visible en las urbes del país. La sociedad multicultural ha mostrado que hay muchas maneras de ser un neozelandés.

En 2002, la Primer Ministro Helen Clark, dijo que Nueva Zelanda es “una tierra donde se valora la diversidad, que se refleja en nuestra identidad nacional”. Esta frase permite afirmar que el país logró conciliar una sociedad multicultural con la política de biculturalismo maorí- Pākehā.

En la actualidad, la mayoría de los neozelandeses se perciben a sí mismos como tolerantes y abiertos a la diversidad. Son capaces de reconocerse como un pueblo único, orgulloso de su herencia británica y maorí, pero plenamente conscientes de su identidad nacional distintiva.

La valoración del “ejemplo moral”

La idea de servir como un ejemplo moral para el mundo constituye un elemento importante de la identidad nacional de Nueva Zelanda. Históricamente, la nación neozelandesa ha tomado parte por manifestaciones fundamentales para el ejercicio de la libertad y la igualdad en el mundo.

Fue la primera nación en otorgarles el voto político a las mujeres, en 1893. También fue pionera en la introducción de un sistema de pensión para los retirados, en 1898.

En el siglo XX, destaca su activa participación para la creación de la Organización de las Naciones Unidas, y la promoción sistemática de los derechos humanos y de la acción multilateral a través de las instituciones internacionales.

En los años 70 y 80, resaltan el apoyo irrestricto que la nación brindó al “movimiento anti- apartheid” y la posición antinuclear del país. Este último punto, ha sido celebrado por los neozelandeses como una de las decisiones políticas más importantes de su país.

Específicamente, se citan los episodios de protesta contra las pruebas nucleares francesas en el atolón de Moruroa, en 1970, y en 1985, la negativa a permitir la entrada en las aguas territoriales neozelandesas de un buque de la armada de Estados Unidos, que llevaba armas nucleares.

En 1987, el Parlamento neozelandés aprobó la Zona Libre de ejercicios Nucleares de Nueva Zelanda, así como una Ley de Desarme y Control de Armas.

Los neozelandeses aprobaron estas acciones geopolíticas como los valientes gestos morales de una pequeña nación en el escenario mundial.

La relación con Australia

Dicen algunos que la mejor manera de hacer enfadar a un afable neozelandés en pocos segundos consiste en confundirlo con un australiano.

En la mirada del extranjero no faltan los elementos de semejanza entre ambas naciones.

Nueva Zelanda y Australia comparten el origen colonial, la madre patria, Inglaterra; similares sistemas políticos y legales e instituciones públicas, fundamentados en una misma herencia británica; y el señorío del Pacífico Sur.

Son naciones hermanas, con algunos símbolos casi idénticos, como la bandera nacional, y una historia patria compartida en sus inicios. A finales del siglo XIX ambos pueblos se agruparon bajo la etiqueta de “australianos”.

Más tarde se refieren unos a otros como “los primos” (“cousins”) y la migración entre los dos países era frecuente y natural. Grandes personalidades de la historia neozelandesa son de origen australiano.

En el siglo XX las diferencias comenzaron a ser más notorias. En Australia, la división entre clases era más fuerte y la religión más determinante en la vida de la gente. En Nueva Zelanda no se establecieron colonias penitenciarias británicas, lo que hizo pensar que había una “mejor selección” social. Nueva Zelanda recibió mayor influencia escocesa y Australia irlandesa.

Cuando se estableció la nueva Federación de Australia, Nueva Zelanda decidió no unirse como el séptimo estado. Así, el 1 de enero de 1901 había dos países y Nueva Zelanda comenzó el desarrollo de su identidad nacional distintiva. Sin embargo, ambas naciones no cesaron en mantener una conexión.

Esta estrecha relación se reforzó durante la Gran Guerra, que llevó a ambas naciones a pelear juntas en el frente de guerra. Ambos países conmemoran el episodio a través del “espíritu ANZAC”. Ese sentimiento de compañerismo, llamado “‘mates together”, repitió en la Segunda Guerra Mundial y ha quedado sellado en la historia de ambas naciones.

Australia y Nueva Zelanda

En la actualidad, Australia y Nueva Zelanda son socios comerciales y vecinos colaboradores. Las leyes de ambos países favorecen el intercambio y el cruce de sus fronteras por parte de sus habitantes; tanto, que los mercados laborales de ambas naciones suelen apreciarse de uno y otro lado como extensiones casi naturales, por parte de los trabajadores y profesionales.

Esta cercanía histórica y cultural está, sin embargo, separada geograficamente por más de 2 mil kilómetros de distancia, surcando el Mar de Tasmania, y culturalmente con un fuerte deseo de diferenciación de ambos gentilicios.

Los neozelandeses buscan distinguirse de los australianos en muchos aspectos

Compiten ferozmente en el rugby, en el cricket y en otros deportes; fijan su mirada más en el Reino Unido, preservando aún un cierto espíritu británico, mientras que los australianos refuerzan su acercamiento cultural con Estados Unidos. Además, el acento neozelandés al hablar inglés es diferente al australiano.

Sin embargo, la larga historia compartida y la vecindad geográfica con Australia, invita siempre a los neozelandeses a la mezcla y al intercambio.

En la población australiana destacan numerosas familias mixtas. Por su parte, en Nueva Zelanda, numerosos líderes comunitarios o personalidades de la vida pública a menudo han nacido o han pasado una parte de su vida en Australia.

Apego a la tierra y orgullo por la naturaleza

La tierra siempre ha sido un elemento central para la identidad de los neozelandeses. Para los maoríes, la “Papatuanuku”, la madre tierra, fue el origen de toda vida. De acuerdo con su mitología, los seres humanos vienen de la tierra y a ella regresarán al final de la vida. No es casual que en la lengua maorí la palabra para la tierra, “whenua”, sea también el término para designar la “placenta.”

Los primeros colonos británicos, por su parte, llegaron a Nueva Zelanda atraídos por la oferta de una tierra fértil y un clima benigno que permitían el desarrollo de una próspera agricultura de estilo europeo. Las paradisíacas descripciones geográficas de James Cook, el primer explorador inglés del país, fueron, sin duda, el mejor incentivo.

Durante el siglo XIX, numerosos trabajadores rurales europeos llegaron a Nueva Zelanda con el objetivo de convertirse en propietarios de un suelo productivo que no poseían en sus naciones de origen. Pronto cobró vida el estereotipo del fuerte, dotado para el trabajo físico e ingenioso para convertir la naturaleza salvaje en prósperos cultivos.

Esta imagen se mantiene en la actualidad. Aunque más del 85% de los neozelandeses vive en zonas urbanas, muchos se perciben a sí mismos como parte de una nación en gran medida rural o agrícola.

Exuberante paisaje natural neozelandés

El exuberante paisaje natural neozelandés es motivo de orgullo para los locales. Desde hace varias décadas, el gobierno hace esfuerzos por promover el turismo internacional, bajo la premisa de visitar “el más maravilloso paraíso escénico en el mundo”.

Grandilocuente frase que pareció reafirmarse con la película “El Señor de los Anillos”, enteramente rodada en Nueva Zelanda, de donde es oriundo su realizador, Peter Jackson. Los paisajes de ensueño que se mostraron en el film, permitieron a los neozelandeses ratificarse en la percepción de que habitan en un verdadero paraíso terrenal.

El paisaje neozelandés es orgullo de los locales.
El paisaje neozelandés es orgullo de los locales.

El país más hermoso del mundo

“El país más hermoso del mundo”, fue el slogan de una campaña gubernamental que se convirtió en parte de la propia imagen del país. Actualmente, “100% puro”, es otra frase publicitaria del ministerio de Turismo de Nueva Zelanda, la cual sugiere una geografía de lagos y ríos no contaminados y de bosques vírgenes.

En efecto, Nueva Zelanda parece tenerlo todo: un inagotable litoral de ensueño, fiordos sorprendentes, impresionantes géiseres, grandes lagos, montañas prominentes, inmensos bosques de flora autóctona y abundantes praderas.

La fauna endémica, inofensiva y carente de riesgos o peligrosidad para el visitante, es el gran complemento de este portarretrato idílico.

El patriotismo neozelandés está fuertemente ligado a la apreciación de la geografía nacional y al apego y orgullo por la tierra.

Gusto por la playa

Provista de una de las plataformas marinas más ricas y extensas del mundo, la nación neozelandesa cultiva la cultura del disfrute del litoral.

La playa representa la esencia del “sueño Kiwi”: un lugar de libertad, relajación, diversión y escape. Ideal estimulado por el acceso fácil y gratuito a la costa.

La playa es una fuente permanente de recreación: caminar, acampar, asolearse, hacer picnics, pasear a caballo y, desde luego, practicar toda clase de deportes (nado, surf, bodysurf, buceo, voleibol y hasta jugar al cricket en la arena). La observación de la fauna (focas, ballenas) es otra gran afición.

Una típica casa de playa neozelandesa, llamada “bach” o “crib”.
Una típica casa de playa neozelandesa, llamada “bach” o “crib”.

Todo es posible en la playa y tener una casa vacacional en el litoral es un típico sueño de la clase media neozelandesa. La aspiración consiste en poseer una “bach” o “crib”, una pequeña cabaña de playa, de modesta construcción y dimensiones variables según el tamaño de la familia, a menudo pintada de colores brillantes. Todo un ícono popular del estilo de vida libre y relajado de la playa neozelandesa.

El litoral es, además, una vía de transporte comercial, una pista de aterrizaje, un lugar ideal para el pastoreo de ovejas y una fuente de alimento, gracias a la importante industria pesquera.

Constituye también una gran atracción turística internacional, especialmente impulsada por las famosas carreras de veleros y las diversas competiciones deportivas que se despliegan en las playas del país. Junto con las montañas, la playa es la imagen iconográfica de la publicidad turística en el país.

Deporte en Nueva Zelanda

Los neozelandeses otorgan un lugar privilegiado al deporte. Por un lado aprecian la práctica deportiva cotidiana y en otro sentido más lúdico disfrutan ampliamente de los espectáculos de equipos profesionales de distintas disciplinas.

Los fines de semana y días feriados los neozelandeses practican sus deportes preferidos: rugby, voleibol, básquet, cricket, nado, buceo, surf, velerismo y una diversidad de disciplinas, muchas de ellas marinas.

El deporte es visto en Nueva Zelanda como un modo de convivencia social, una forma de pasar el tiempo entre amigos, y también una manera eficaz de estimular la idea de un neozelandés (hombre o mujer) competitivo, fuerte, modesto y que valora el trabajo en equipo. Valores sociales muy apreciados.

Las figuras deportivas son consideradas héroes, particularmente los grandes atletas que han aportado medallas olímpicas a la nación.

Cuando se trata del deporte profesional, el rugby ocupa un lugar destacado. Puede considerarse como la disciplina nacional, la más popular y apreciada.

La selección nacional de rugby, los “All Blacks”, es fuente de orgullo y sus intervenciones en diferentes ligas internacionales son seguidas a escala nacional.

Los “All Blacks” han alcanzado notoriedad internacional no sólo por su desempeño excelente en el terreno de juego, sino por su costumbre de realizar una danza haka maorí antes de cada partido, hábito que ha sido bien acogido por los neozelandeses como demostración de la identidad cultural del país.

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