Chinook, ingeniero, desde Calgary, Canadá

fotocan_peq“En cuanto a la adaptación, los venezolanos urbanos también somos occidentales. No hay choque cultural”.

Profesión: ingeniero mecánico, área petróleo y gas

Edad: 55 años

Ciudad/ País de origen: Caracas, Venezuela

Fecha de salida: junio de 2006

Ciudad/ País de destino: Calgary, Canadá

¿Por qué te fuiste de tu país?

Me considero un caso extremadamente atípico. En un principio, no tenía la intención de emigrar. Solo quería trabajar en el exterior durante unos años, llevar a mi familia para que aprendiera inglés y, después, regresar a Venezuela.

Sin embargo, llegué a Canadá con un permiso de trabajo en el 2006 y, desde ese año en adelante, la situación en mi patria se deterioró (alto costo de la vida, salarios mediocres, inseguridad). Por fortuna, nos gustó esta nación. Por eso, en el 2007, decidimos tramitar la residencia permanente.

¿Qué fue lo más difícil de la decisión?

Dejar atrás cuarenta y ocho años de tu vida, de tu historia, es bastante difícil. En efecto, emigré a esa edad. Tampoco fue fácil dejar de ver a mis hermanos, cuñados, sobrinos, suegra y cuñada. En verdad, se extrañan las parrilladas, los cumpleaños, las navidades, los fuegos artificiales del 24 y 31 de diciembre. También me golpeó abandonar nuestro querido y agradable vecindario en una zona de clase media de Caracas y privarme de ir a las playas de Barlovento, donde tuve mi apartamento vacacional y donde mis hijos, mi mujer y yo fuimos felices. A mis hijos adolescentes les costó desprenderse de sus amigos. Hasta me culparon por sacarlos de su ambiente en Caracas. En fin, resultó demasiado duro.

¿Por qué seleccionaste el país o ciudad de destino?

Insisto en la atipicidad de mis circunstancias migratorias. Llegué a este país por casualidad, pues busqué varios empleos en el exterior (Canadá, Estados Unidos, Medio Oriente, Asia), en empresas petroleras o de ingeniería; y me respondieron primero de una compañía con sede en Calgary. De seguida, obtuve mi permiso de trabajo en la Embajada de Canadá en Caracas. Arribé a Calgary con empleo. Viajé un viernes y me alojé en una residencia temporal que mi empleadora había alquilado. El lunes siguiente me presenté en la oficina. Allí me ayudaron a conseguir un apartamento para alquilar. Me guiaron, me “echaron los cuentos” de la ciudad y me informaron sobre los sitios donde convenía arrendar. Y, así, cosas por el estilo. De modo que no necesité ayudas oficiales.

Describe los primeros tiempos

En la empresa donde comencé a trabajar ya había varios venezolanos que llegaron con anterioridad. La verdad es que ellos me dieron las primeras orientaciones. En cuanto a Calgary, señalo que es una ciudad mediana, representativa del medio oeste norteamericano, moderna, ordenada, organizada, bien surtida y con excelentes servicios. Entre estos, cuenta con un buen sistema de transporte público. De manera que cuesta muy poco familiarizarse, adaptarse a ella y conocerla. Por su parte, los calgarienses son gente amable, sin la agresividad típica de las personas de las grandes metrópolis. El inglés no constituyó un problema, puesto que lo hablaba bien mucho antes de emigrar. Canadá es un país occidental y avanzado. Por lo tanto, cero problemas de idiosincrasia, porque los venezolanos urbanos también somos occidentales. No hay “choque” cultural. Así como podemos vivir en Caracas, igual lo hacemos en Calgary, Madrid, Buenos Aires, Londres o Miami.

Describe tu situación actual

Hoy día disfruto de residencia permanente. Trabajo en una empresa petrolera (de las muchas con sede en Calgary) y me desempeño en mi profesión. Recibo un buen sueldo y no tengo quejas. Nos hemos adaptado bien. Mis hijos se lamentan a veces de lo “aburrida” que es la vida en Calgary, comparada con Caracas o con las grandes urbes del mundo. No obstante, igual estudian, trabajan y rumbean aquí. Tienen sus propios carros, lo que jamás hubiese ocurrido en Caracas. Hace poco, todos en la familia solicitamos la ciudadanía canadiense y su otorgamiento se producirá en cuestión de meses.

¿Te arrepientes de la decisión? ¿Qué harías distinto si pudieras repetir la experiencia?

Para nada me arrepiento. Hemos vivido una gran experiencia, aunque no siempre ha sido color de rosa. Por ejemplo, estuve desempleado durante la crisis económica del 2009. La pasamos fea. Pese a ello, decidimos quedarnos, aguantamos el chaparrón, sobrevivimos y nos levantamos.

¿Piensas volver a tu país?

No, en estos momentos no hay vuelta atrás. Nunca tendría la misma calidad de vida. La situación en Venezuela ha empeorado. Los jóvenes de clase media carecen de oportunidades para su superación. La delincuencia se ha vuelto insoportable. Los buenos empleos en la empresa privada son limitados y con salarios mediocres. Por añadidura, me declaro opuesto al socialismo y a cualquier tendencia que se le parezca. En consecuencia, ni mis hijos ni mi esposa y menos yo nos pondríamos una franela roja para trabajar. Además, por razones de salud debo atenderme regularmente aquí. En mi país la salud es muy costosa y, lo peor, escasean las medicinas que necesito.

Testimonio publicado el 8 de abril de 2013

 

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