Los quebequenses son los habitantes de Quebec, la única provincia oficialmente francófona de Canadá. Se les conoce como “quebecois”, cuando se habla francés, y en inglés se les llaman “french canadian”.

Son en su mayoría descendientes de los primeros europeos que poblaron Canadá: los 4.500 colonos franceses que se establecieron a orillas del río San Lorenzo entre 1600 y 1700.

Por su idioma, origen francés y tradiciones se conciben como un pueblo independiente dentro de Canadá. De hecho, aunque políticamente Quebec es una provincia canadiense, culturalmente fue reconocida de manera oficial por la Cámara de los Comunes como “una nación dentro de la unidad de Canadá”, en 2006.

La bandera es uno de los símbolos de identidad cultural más populares de la provincia.
La bandera es uno de los símbolos de identidad cultural más populares de la provincia.

La identidad quebequense o “québécoise”, en francés, se fundamenta en el idioma. El francés, además de un instrumento de comunicación, es un símbolo de pertenencia a la sociedad quebequense, una garantía de unidad social, un factor de cohesión política y, finalmente, un legado ancestral que en el sentir de los habitantes de Quebec representa cumplidamente el concepto de patria.

En Quebec destacan también otros valores colectivos, compartidos con el resto de Canadá, tales como los principios de libertad y democracia; la justicia, la tolerancia y el respeto por la diversidad; la primacía del derecho y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley; la igualdad de derechos para hombres y mujeres; la libertad de culto y el estado laico; la valorización de la negociación como instrumento de acuerdo social; la importancia de la paz social; y el cuidado por el medioambiente y los recursos naturales.

Sin embargo, el valor fundamental de la sociedad quebequense es la defensa del francés como lengua oficial de la provincia y como factor de identidad colectiva. Principio respaldado por el gobierno federal que reconoce a Canadá como un país oficialmente bilingüe y activo miembro de la comunidad internacional denominada francofonía.

Se describe a continuación el principal valor diferenciador de Quebec como colectivo social y cultural:

• La prevalencia de la lengua francesa y la francofonía
La custodia de los derechos lingüísticos de los francófonos y la promoción de la lengua francesa son principios fundamentales en Quebec.

A pesar de su estatus minoritario en Norteamérica (solo 3% de la población total de la región habla francés), el uso de la lengua francesa logró conservarse y desarrollarse en Quebec, caracterizándose como la única región de América del Norte donde el francés es el primer idioma de la población y está protegido por la ley.

Los quebequenses entienden la primacía del francés como una batalla de resistencia que debe librarse permanentemente y que encontró un hito histórico en 1977, con la proclamación de la “Carta de la Lengua Francesa” (Charte de la langue française), también conocida como Ley 101, que definió los derechos lingüísticos de los quebequenses y declaró el francés como la lengua oficial de la provincia.

Desde entonces, asentarse en Quebec significa la voluntad de vivir en una sociedad francófona. Idea que es reafirmada en el sitio web del Ministerio de Inmigración y Comunidades Culturales de Quebec, donde se declara que “hablar francés es una necesidad”.

El francés es el idioma hablado corrientemente por más del 90% de la población. Es la lengua empleada en las instituciones públicas, en la educación, en el trabajo, en el comercio y en los negocios. Resulta, además, un requisito imprescindible para obtener una licencia profesional o ejercer una profesión regulada por una orden profesional.

Quebec participa activamente en la Organización Internacional de la Francofonía, foro institucional de alcance internacional conformado por 70 países y gobiernos que comparten el uso de la lengua francesa y la promoción de una cultura francófona. Canadá tiene la condición de miembro de esta organización y las provincias de Quebec y Nuevo Brunswick son reconocidas como gobiernos participantes. Ante esta instancia, Quebec goza del derecho de representarse mediante su propia delegación oficial.

El modo de ser quebequense
La historia ha convertido a Quebec en un lugar de encuentro de varias culturas, donde la gente vive la experiencia norteamericana desde una perspectiva diferente. La cultura quebequense se vincula con el resto de Canadá, Estados Unidos, Francia e Inglaterra, todas simultáneamente. Por esa condición, con frecuencia esta provincia se considera el lugar donde se cruzan Europa y América.

A pesar de que Quebec representa claramente a la mayoría de las sociedades desarrolladas de Occidente, sus ciudadanos exhiben unas características propias, únicas y diferenciadoras, que los distinguen principalmente del resto de los canadienses:

• Nacionalismo y patriotismo
Se afirma que los quebequenses están orgullosos de su identidad colectiva, de sus raíces y de su patria. Sin embargo, definir la identidad quebequense es una tarea compleja que debe tener en cuenta la voluntad de afirmación y diferenciación permanente del pueblo quebequense.

Por una parte, Quebec es una nación cultural orgullosa de sus orígenes franceses. Este sentimiento colectivo crea una distinción importante con el Canadá anglófono. “Quebec se diferencia del resto del país por su visión europea, que le acerca a Francia; pero se distingue de Europa por su americanismo, que le asemeja a los Estados Unidos, y al mismo tiempo se distancia de Estados Unidos por sus maneras canadienses”. (Armony, 2007). Sin embargo, los quebequenses no se parecen a los franceses, ni a los estadounidenses, ni a sus compatriotas anglófonos.

En otro sentido, se habla de la identidad quebequense dentro de una relación conflictiva con el resto de Canadá. La sociedad quebequense se percibe a sí misma como minoría en el espacio canadiense y en el contexto norteamericano.

Todo esto hace que la identidad quebequense derive del reconocimiento de su continuidad histórica y de la afirmación permanente de sus valores y principios como pueblo. Existen señales que evidencia esa declaración.

“Je me souviens” (Yo recuerdo) es la frase oficial de Quebec que se puede leer en la identificación o placa de todos los vehículos que circulan en la provincia. Sentida reafirmación colectiva que parece decir: yo recuerdo quién soy y de dónde vengo.

Los símbolos de Quebec ocupan un lugar importante en la vida cotidiana de los ciudadanos: la bandera oficial, estandarte azul con la cruz blanca y las flores de lis, ondea en los edificios públicos provinciales y también en muchas viviendas. Los quebequenses la llevan orgullosamente en franelas, bolsos de mano y muy especialmente en las maletas, cuando viajan al exterior.

La fiesta nacional de Quebec.
La fiesta nacional de Quebec.

El día de fiesta nacional de Quebec (Fête nationale du Québec), el 24 de junio, se celebra colectivamente con actividades musicales y culturales que son difundidas por los medios de comunicación. En cambio, el día nacional de Canadá, el 1 de julio, es no laborable y los quebequenses lo utilizan para mudarse, puesto que es costumbre que muchos contratos de alquiler de duración anual se celebren ese día. Muchos dicen con sorna que el 1 de julio es el “día nacional de la mudanza”.

Los anuncios publicitarios de prensa, radio y televisión están repletos de frases que revelan el espíritu comunitario y patriótico de los quebequenses: “los productos de aquí”, “hecho en Quebec”, “a nuestra manera”. El vocablo “fierté” (orgullo) es probablemente el más empleado en las campañas publicitarias.

Los quebequenses emplean dos expresiones de uso común para referirse a ellos mismos, a los francófonos nacidos en Quebec descendientes de los primeros colonos franceses: “quebecois pure laine” (quebequense de lana pura) y “quebecois de souche” (quebequense de cepa). Una manera muy gráfica de identificar a esa “gran familia”, al clan francófono de América del Norte que hoy en día conforma una población de 8 millones de personas.

A estas constantes afirmaciones de la identidad nacional debe añadirse la cuestión política sobre la soberanía de la nación quebequense, asunto complejo cuyo debate, por demás legítimo y vigente, despierta grandes pasiones en la población y dificulta la integración de la población inmigrante en Quebec. Independencia, separatismo, soberanía, autodeterminación son los conceptos claves en torno a los cuales gira la discusión, que ha llevado a la realización de dos referendos (en 1980 y en 1995) para consultar la opinión de los ciudadanos sobre si separarse o no de Canadá. En ambos, el pueblo quebequense ha declarado la voluntad de continuar unido a Canadá.

La “fierté québécoise” (el orgullo quebequense) tiene su razón de ser. Teniendo en cuenta el tamaño de su población (8 millones de habitantes, número de pobladores aproximado de casi cualquier capital latinoamericana) la cultura quebequense destaca en el plano internacional de una manera sorprendente. La provincia de Quebec es conocida en el mundo por Céline Dion y el Cirque du Soleil (Circo del Sol); sin embargo, una significativa camada de cineastas, dramaturgos, músicos, actores y escritores brillan en el ámbito cultural local e internacional.

Quebec destaca también por la relevancia de muchas de sus industrias, como la aeronáutica, la hidroeléctrica, la biotecnología, las telecomunicaciones, la imagen digital y la industria de los videojuegos.

Los quebequenses han realizado, además, contribuciones notables en el plano de la acción solidaria y el desarrollo sostenible, destacando su aporte en el campo del cooperativismo financiero y agrícola. De hecho la poderosa industria cooperativa financiera de Quebec, Desjardins, una de las que más empleos genera en la región y considerada entre las más estables y seguras del mundo, es pionera y única en América del Norte.

En el sector turismo, una de las industrias más importantes de la provincia, Quebec destaca por sus bellezas naturales, por sus monumentos históricos y por la actividad cultural de sus poblaciones.

La ciudad de Quebec, la capital de la provincia y única urbe amurallada de América del Norte, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1985, es, sin duda, uno de los destinos vacacionales canadienses más apreciado. De hecho, se calcula que casi 5 millones de turistas al año visitan el “Vieux-Québec” (el Viejo Quebec, la ciudadela histórica), de entre ellos, más de 1 millón provenientes del exterior de Canadá. La ciudad organiza todos los años numerosas actividades como el Carnaval, el Festival del Verano y las Fiesta de la Nueva Francia (les Fêtes de la Nouvelle-France), y promueve activamente el disfrute de los grandes espacios naturales que la rodean, ideales para la práctica deportiva.

La empresa circense "Cirque du Soleil" es de origen quebequense.
La empresa circense “Cirque du Soleil” es de origen quebequense.

Montreal, multicultural y global, la ciudad esencial de Quebec, destaca por sus numerosos festivales del verano, principalmente, el ya tradicional Festival de Jazz, donde concurren artistas de renombre internacional que son acogidos por espectadores venidos de todo el mundo especialmente para esa cita. Esta ciudad es también la cuna del Cirque du Soleil (Circo del Sol), exitosa y célebre empresa del espectáculo y verdadera leyenda de las artes escénicas circenses.

Quebec sobresale en el plano internacional con una cultura rica y vanguardista y su población, consciente de esta realidad, no esconde su orgullo patriótico.

• El francés de Quebec
El francés que se habla en Quebec, llamado corrientemente “québécois”, exhibe ciertas particularidades que lo distinguen del francés que se habla en Francia o en el resto de los países que conforman la llamada francofonía.

Para distinguirlo del “québécois”, y de otras corrientes de pronunciación francófona, como la africana, la suiza o la belga, el francés que se habla en términos de pronunciación y vocabulario de acuerdo con el patrón de Francia, se le llama “francés estándar”.

En los medios de comunicación quebequenses y en ciertos ámbitos laborales y académicos es frecuente apreciar un francés más bien estándar. Sin embargo, el francés de la calle, el que se habla en la intimidad del hogar y el que resulta natural a la mayoría de los pobladores de Quebec es el “quebecois”.

El “quebecois” podría definirse como un modo de expresión típicamente quebequense, con un acento y un vocabulario rico en expresiones y modismos que testimonian una cultura propia. Es francés, pero cargado de entonaciones, arcaísmos y neologismos, sin exceptuar también ciertos anglicismos.

Resulta también una lengua que oscila entre dos registros. Por una parte, existe el “quebecois convencional”, mucho más próximo al francés estándar, preferido por los profesionales y los ciudadanos cultivados, empleado en un contexto sobre todo formal. Por otra parte, se encuentra el “quebecois popular”, la forma de expresión familiar, íntima, con la que los quebequenses se sienten “ellos mismos” en un sentido de mancomunidad, de conciencia de grupo.

En el primer registro, el protocolo dicta la utilización de ciertos vocablos o expresiones. Por ejemplo: “á ce soir” (hasta esta tarde); “ici” (aquí); “maintenant” (ahora); “l’auto” (el auto, el carro); “en forme” (en forma). En el contexto familiar, las mismas ideas se expresarán de una manera más típica: “á souére” (hasta esta tarde); “icitte” (aquí); “astheure” (ahora); “le char” (el auto, el carro); “en shape” (en forma).

Otra particularidad del “quebecois” familiar es añadir la partícula “tu” en la fórmula de pregunta, en todas las personas verbales. Por ejemplo, T’en veux-tu? (¿Quieres?) Il en veut-tu? (¿Él quiere?) Ils en veulent-tu? (¿Ellos quieren?)

El “quebecois” familiar, en su versión más pintoresca, extrema, si cabe el adjetivo, se denomina “joual”. Normalmente asociado a la clase trabajadora, exhibe la apariencia de la forma de expresión de una subcultura: oral, espontánea, natural, viva, propia de los suburbios post-industrializados y no siempre bien acogida.

El intelectual quebequense Jean-Paul Desbiens (1927 – 2006), personaje ilustre de la historia de Quebec, educador, filósofo, purista del lenguaje y gran detractor de la deformación de la lengua francesa, definió el “joual” en estos términos: “El “joual” es un lenguaje sin estructura, donde las consonantes se han suprimido. (…) No es susceptible de ser puesto por escrito. El “joual” es una descomposición. (…) Esta ausencia de lengua que es el “joual” es un caso de nuestra inexistencia, de nosotros los canadienses franceses (…) Nuestra ineptitud a afirmarnos, nuestro rechazo al porvenir, nuestra obsesión por el pasado, todo eso se refleja en el “joual”, que es verdaderamente nuestra lengua. (…) Para intercambiar entre primitivos, un argot primitivo es suficiente”. (Les insolences du Frère Untel, 1960). Duras críticas inscritas en un capítulo de profunda reflexión de la historia quebequense.

La jerga, sin embargo, ha sido también reivindicada por artistas que la defienden como un elemento de reafirmación nacional. Tal es el caso del popular dramaturgo y novelista Michel Tremblay (“Les Belles-Sœurs”) y del cantautor Robert Charlebois (“Lindberg”), por solo mencionar dos de los más conocidos.

Conviene destacar que lo más resaltante del francés que se habla en Quebec es la gesta histórica librada por la población para preservar y desarrollar la lengua francesa y para defender el derecho a vivir en una cultura francófona.

"Hábleme en francés. En Quebec, el francés es ley."
“Hábleme en francés. En Quebec, el francés es ley.”

Un importante movimiento cultural conformado por escritores, músicos, poetas, dramaturgos, cineastas, actores y artistas, en general, florece en Quebec, reforzando la preeminencia del francés en el seno de la sociedad y recordando que la defensa de la lengua francesa, en todos sus registros, sigue constituyendo la quintaesencia del ser quebequense.

• Rebeldía contra la institucionalidad religiosa
En 1960, Quebec sufrió una profunda transformación de los cimientos de la nación, pasando de ser un pueblo conservador, católico y rural, a convertirse en una sociedad progresista. El proceso se conoce como la Revolución Tranquila y significó la modernización y nacionalización de las principales industrias (como la electricidad), la reforma a la educación y la puesta en marcha de numerosos programas sociales y de desarrollo económico. Puede decirse que el Quebec de hoy es el producto de ese profundo cambio institucional. La Revolución Tranquila supuso el nacimiento del Quebec moderno.

Esta transformación produjo, entre otros cambios sociales, que los quebequenses rompieran las ataduras colectivas con la Iglesia Católica, que perdió todas sus ventajas de institución dominante y rectora de la vida de los ciudadanos. Al mismo tiempo, la población incorporó a su manera de pensar y sentir una resistencia a toda forma de religiosidad.

En la actualidad, esta ruptura se traduce en un rechazo a las prácticas religiosas y a los ritos sagrados. Aunque los quebequenses son mayoritariamente católicos y continúan bautizando a sus hijos, no asisten a los servicios religiosos ni practican la mayoría de los sacramentos, como el matrimonio.

“Numerosas estadísticas demuestran la decadencia de la Iglesia Católica (en Quebec). Entre 1957 y 2000, la tasa real de asistencia a la misa del domingo se redujo de 88% a 20%. Entre los jóvenes, el fenómeno es aún más pronunciado: en el año 2000, había sólo un 5% de practicantes en edades comprendidas entre 18 y 34 años. Prácticamente en todas las diócesis de la provincia, la edad promedio de los sacerdotes supera los 70 años”. (Antoine Robitaille, en “Le Devoir”, 2010).

Algunas iglesias han cerrado debido a la inexistencia de feligresía. Las edificaciones son convertidas en condominios o en centros comerciales. Es frecuente ver en Montreal como antiguas iglesias se transforman en edificios modernos de distinta vocación, pero conservando la fachada exterior principal, tal vez como un recordatorio de la elección “política” de los ciudadanos de Quebec.

Una consecuencia casi anecdótica del rechazo por la Iglesia Católica, pero a la vez muy significativa y expresiva de la identidad quebequense, es el hecho de que la mayor parte de las maldiciones o palabras soeces en francés que emplean sus pobladores se derivan casi totalmente de referencias religiosas. Curiosamente, en Quebec, las menciones en francés al tabernáculo, al cáliz, a la ostia e incluso al mismo Cristo, son expresiones soeces.

• Los ajustes razonables
Los llamados “accommodements raisonnables” (ajustes razonables) son una noción jurídica canadiense aparecida en los años 80, según la cual las instituciones y organismos públicos tienen la obligación de tomar medidas (realizar ajustes razonables) para garantizar el respeto de las minorías étnicas y religiosas, fundamentalmente en el marco de las relaciones laborales, pero también en cualquier interacción social regida por las leyes relativas a los derechos de la persona.

Esta ley se explica como una consecuencia natural del derecho a la igualdad, que busca evitar cualquier forma de discriminación fundamentada en la religión, el sexo, la etnia o una condición física.

En el seno de la sociedad canadiense, y por extensión en la quebequense, ha sido una herramienta eficaz para administrar la diversidad religiosa en el mundo laboral. Por ejemplo, exige a los empleadores hacer modificaciones razonables en el horario de trabajo para armonizar los deberes laborales con los derechos religiosos de los empleados. También puede ser entendida como los ajustes que debe hacer el empleador para garantizar el ejercicio del trabajo a los empleados con alguna discapacidad física.

En Quebec, la aplicación de esta ley comenzó a debatirse ampliamente a partir del año 2006, cuando los medios de comunicación provinciales comenzaron a denunciar lo que se entendía como excesos. Especialmente, se hicieron notar las demandas de ciertas comunidades religiosas ortodoxas de Montreal que fueron calificadas de “contrarias a los valores de Quebec.” Entre los ejemplos citados, figuró el caso de una escuela religiosa que solicitó a una sucursal de la institución YMCA, que oscureciera sus ventanas exteriores para evitar que los estudiantes de la escuela colindante pudieran ver a las jóvenes realizar ejercicios en ropa deportiva. El escándalo obligó al gobierno de Quebec a nombrar una comisión que estudió los casos.

Desde entonces, el término “accommodements raisonnables” adquirió un cierto matiz peyorativo. Para una parte de los pobladores de Quebec existe la idea de que se es demasiado tolerante con los inmigrantes, quienes, a su vez, no hacen esfuerzos reales por integrarse socialmente.

El debate, aunque ahora bastante más moderado, aún se mantiene y persiste en la opinión pública quebequense bajo la forma de una constante reflexión sobre cuánto debe ceder una mayoría para armonizar sus valores con los de las minorías, sin perder su identidad colectiva, pero respetando el derecho de igualdad de las personas.

El colectivo quebequense se resiste a relativizar las normas sociales, pero al mismo tiempo espera continuar preservando el valor supremo del respeto de las minorías y la idea de una sociedad abierta y multicultural.

"Mi país no es un país, es el invierno"
“Mi país no es un país, es el invierno”

• El goce del invierno
« Mon pays ce n’est pas un pays, c’est l’hiver. (…) Mon chemin ce n’est pas un chemin, c’est la neige. » Con esta significativa imagen comienza una popular canción quebequense que lleva por título “Mi país”, interpretada por Gilles Vigneault, un célebre poeta, cantautor e intérprete de la música popular quebequense. La evocación no puede ser más descriptiva del Quebec que habita el imaginario colectivo de sus pobladores: “Mi país no es un país, es el invierno. Mi camino no es un camino, es la nieve”.

Vigneault no es el único artista quebequense que ha honrado al invierno. Otros músicos y numerosos poetas, escritores, cineastas y hasta pintores han hecho de esa estación el centro de variados universos artísticos.

Émile Nelligan, célebre poeta montrealés del siglo pasado, hizo del invierno el tema de una de sus principales obras “Soir d’hiver” (Tarde de Invierno), donde escribió unos versos que todavía hoy resuenan en el alma de los quebequenses: « Ah! comme la neige a neigé! Ma vitre est un jardin de givre. » (Como ha nevado la nieve. Mi ventana es un jardín helado).

Ninguna de esas expresiones artísticas debe ser entendida como reproches. Resultan más bien apologías poéticas a una estación dura y prolongada que determina la vida de los habitantes de Quebec, desde la fundación misma de la nación.

En efecto, el temido invierno quebequense puede durar 5 meses y alcanzar temperaturas de hasta menos 40° centígrados en ciertas regiones. Se caracteriza por un período de nevadas con importantes acumulaciones de nieve. La “poudrerie”, nieve muy fina arrastrada por el viento, es otra característica muy típica de la estación.

Los primeros colonos franceses que habitaron la región tuvieron que adaptarse al rigor del invierno. Muchos no sobrevivieron, pero poco a poco fueron acomodando sus costumbres, vestimenta y modo de vida para sobrellevar las condiciones climáticas. El contacto con los pueblos autóctonos debió ser muy provechoso, sin duda, pues los pobladores originarios de la región vivían en perfecta armonía con el medioambiente. Aún hoy se afirma que un autóctono canadiense puede identificar más de una decena de tipos de nieve, cada una con nombre propio, de acuerdo con su consistencia.

Durante los siglos, los quebequenses aprendieron a controlar el invierno: desarrollaron la infraestructura adecuada y se organizaron para resistir y acrecentar sus dominios a pesar de las bajas temperaturas. Actualmente se sienten orgullos de sus logros. Aman los desafíos del invierno y muestran su mejor cara ante las condiciones climáticas más extremas.

Revisar a diario la información del clima (la Météo) es un hábito (casi de supervivencia) durante el invierno para toda la población. Permite organizar la jornada e indica el modo en que se debe vestir y calzar. Las tormentas de nieve pueden anticiparse y cuando ocurren, las clases en las escuelas se suspenden y las ciudades disminuyen el ritmo de las actividades y entran en un modo de precaución o alerta.

Las urbes quebequenses dedican una parte importante de sus presupuestos al mantenimiento de las vías durante el invierno mediante aparatosas, pero organizadas y efectivas, operaciones de recolección de nieve.

Montreal sobresale por su infraestructura subterránea, una red de túneles bajo la tierra de 30 kilómetros, interconectada con las vías del Metro. Es considerado el mayor complejo subterráneo en el mundo y permite conectar el interior de edificios de oficinas, complejos residenciales, centros comerciales, universidades, museos, terminales de autobuses, trenes interurbanos, diversos comercios y hoteles. Los túneles contienen una gran variedad de tiendas y restaurantes y, gracias a la conexión con el Metro, ofrece a los montrealeses la posibilidad de desplazarse bajo tierra para evitar el clima de invierno. Una verdadera ciudad subterránea con más de 190 puntos de entrada. Claro ejemplo de la visión estratégica de los quebequenses para afrontar las duras condiciones invernales.

El invierno es también la ocasión propicia para realizar los deportes de nieve: el esquí, la marcha en raqueta, el patinaje sobre hielo y el popular hockey. Este último, despierta una verdadera pasión colectiva durante la temporada, cuando los “Canadiens de Montréal”, el equipo de la provincia de Quebec, salen a luchar por el campeonato profesional.

Además, deslizarse sobre cauchos en pendientes congeladas es una diversión típica de la población. Los padres rutinariamente trasladan a sus hijos pequeños en trineos que ellos mismos arrastran, durante las diligencias cortas por la ciudad; una manera eficaz de distraerlos e inculcarles desde temprana edad el goce del invierno.

Los quebequenses continúan su vida cotidiana durante el invierno.
Los quebequenses continúan su vida cotidiana durante el invierno.

Para la mayoría de los quebequenses el secreto para resistir el invierno y gozarlo consiste en vestirse con la indumentaria adecuada y mantenerse en movimiento. De allí que la práctica deportiva sea la actividad más popular de la estación.

El invierno es también la época para disfrutar de varios productos de temporada. Destaca la “cidre de glace du Québec”, una sidra típica de la región elaborada a partir de manzanas que han sido congeladas de manera natural durante el invierno. Este método ha permitido el surgimiento de una importante industria que elabora sidras para el consumo local y para la exportación a Europa, principalmente. Debe mencionarse también la importante industria de arce (maple en inglés, érable en francés), desarrollada en todo el territorio canadiense, con especial arraigo en Quebec.

Hacia el fin de la temporada de invierno, entrando ya la primavera, son muy populares las “cabanes à sucre” (cabañas de azúcar), establecimientos comerciales donde es posible degustar la típica cocina quebequense elaborada con el jarabe de arce (“sirop d’érable”). Están localizadas en las plantaciones de arce y ofrecen una excelente ocasión de disfrute familiar durante el invierno.

Para una parte de la población quebequense los largos inviernos pueden ser incómodos. Los “babyboomers” (población nacida entre 1945 y 1965 y que a partir de 2006 comenzaron a jubilarse progresivamente) suelen viajar a Florida durante el invierno. Generalmente, se instalan por varios meses en residencias propias, ubicadas en las mismas zonas y conforman comunidades culturales de temporada. Se les conoce como los “snowbirds” (pájaros de nieve), tal vez en alusión a la “emigración hacia el sur” que realizan en la temporada fría, al igual que las aves.

• El modo relajado de ser “quebecois”
Con frecuencia se dice que los quebequenses conocen el arte del buen vivir. En efecto, gustan de la buena mesa y el buen vino, pero también de los placeres más sencillos: disfrutar de la naturaleza (Quebec cuenta con más de 30 parques naturales, el mayor de los cuales mide 1.500 kilómetros cuadrados), recorrer la ciudad en bicicleta, realizar deportes al aire libre o disfrutar de una barbecue (parrilla o asado) familiar en el verano.

El espíritu comunitario de sus ciudadanos y la búsqueda permanente del sano disfrute hace que los quebequenses encuentren en la conciliación trabajo-tiempo libre uno de los principales desafíos de la vida moderna. La filosofía que los inspira es que el trabajo es importante para vivir, pero no se debe vivir para trabajar.

Este modo de ver y entender el trabajo les ha acarreado ciertos señalamientos. Para algunos, las urbes quebequenses padecen de un “déficit de norteamericanismo”, en el sentido de productividad y negocios. En el año 2005, un grupo de personalidades quebequenses, entre ellas el antiguo primer ministro de Quebec, Lucien Bouchard, describieron la situación en lo que se conoció como el “Manifiesto por un Quebec lúcido”, de la siguiente manera: “(Quebec) tiene un retardo económico con respecto al resto del continente (norteamericano)”. La legendaria “joie de vivre” (alegría de vivir) quebequense fue duramente criticada con esta afirmación.

El tema ha persistido en el debate social y resulta particularmente sensible cuando los compatriotas anglófonos acusan a Quebec de ser “una provincia subvencionada”. Reproche muy injusto para muchos, pero que encuentra cifras reales en el fuerte endeudamiento de la provincia para el sostenimiento de los numerosos programas sociales que benefician a la población.

Por otra parte, el gusto por el disfrute del tiempo libre que se respira en Quebec viene acompañado de una alta conciencia de la ayuda social por parte del gobierno provincial. Las familias quebequenses gozan de subvenciones y existen numerosos programas de asistencia social para la población menos favorecida. Esto convierte a los quebequenses, además, en unos ciudadanos con un altísimo sentido del bien colectivo.

Vivir con buena calidad de vida en Quebec no es un placer reservado a ciertos privilegiados. El concepto de bienestar social se aplica a cabalidad en Quebec.

Los quebequenses disfrutan al máximo el tiempo libre. En el verano, son muy populares las terrazas.
Los quebequenses disfrutan al máximo el tiempo libre. En el verano, son muy populares las terrazas.

• Los “latinos” del Norte
Se dice con frecuencia que la forma de ser quebequense se asemeja a la de los latinoamericanos. Una cierta manera de ver la vida, el ambiente vibrante, a veces permisivo, que se experimenta en sus ciudades, el gusto por la informalidad y el trato sencillo y vivo de sus pobladores justifican la afirmación según la cual los quebequenses son los “latinos” del Norte.

El colectivo quebequense se define en gran medida a partir de una oposición conceptual con el resto de Canadá. De cara a sus compatriotas anglófonos, los quebequenses tienen fama de saber gozar del arte del buen vivir, de poseer una mayor sensibilidad por el bien común, de tener cierta propensión a la experimentación y a las mezclas culturales y de disfrutar de un sentido más lúdico de las cosas. Todas estas características, percibidas como distintas, pueden tipificar una forma de ser “latina”, por oposición a “anglosajona”.

En un sentido aún más superficial, se afirma que los quebequenses posen un temperamento menos “calculador y frío”. Son cálidos en su trato y no temen al contacto físico (de hecho, entre familiares y amigos cercanos se impone el saludo con dos besos, uno en cada mejilla). La informalidad hace parte de sus maneras cotidianas y el tuteo es frecuente en muchos contextos, incluyendo los laborales. En el sector comercial, por ejemplo, los empleados tutean a los clientes y el gesto no se interpreta como una falta de respeto.

Quebec se percibe como una sociedad abierta, tolerante y generosa con los extranjeros. Siempre dispuesta a celebrar la diversidad. Esto es particularmente evidente en la ciudad de Montreal, donde se concentran la mayor cantidad de minorías étnicas, alófonas y anglófonas. En las calles de esa ciudad es corriente apreciar comercios y restaurantes de todas partes del mundo. Se puede experimentar también un cierto gusto por “lo extranjero” y por las mezclas en esa urbe.

Los montrealeses, como también muchos quebequenses, se sienten atraídos por todo lo “latino” e “hispano”: música, comida, costumbres. En Montreal, decir “taco”, “burrito”, “sangría”, “paella”, “empanada” o “dulce de leche”, en perfecto español, es hacer referencia a sabores cotidianos que forman parte del gusto adquirido por los locales.

En los comercios, tiendas y mercados los empleados tratan de hablar español cuando descubren el acento “hispano” de sus clientes al hablar francés. De hecho, muchos quebequenses hablan español, pues han estudiado el idioma en el extranjero o han aprendido frases durante los viajes que frecuentemente realizan a Latinoamérica para vacacionar, especialmente en los lugares asoleados. México y las islas del Caribe son destinos predilectos para tomar el sol durante los largos meses del invierno.

Debido a esto, existe la creencia generalizada de que los inmigrantes de origen latinoamericano o hispano pueden integrarse con mayor facilidad a Quebec que al Canadá anglófono.

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Fuentes consultadas: Le Devoir; Le Québec expliqué aux immigrants, de Victor Armony; Petit guide du parler québécois, de Mario Bélanger; Les insolences du Frère Untel, de Jean-Paul Desbiens; Manifeste pour un Québec lucide.