El drama de los niños migrantes

El drama de los niños migrantes
Niños centroamericanos, solos o en compañía de sus padres, llegan todos los días a la frontera con Estados Unidos. Son las víctimas más pequeñas de esta crisis humanitaria.

Cruzan la frontera escapando de la pobreza y la violencia. Emprenden un viaje lleno de peligros, al que no todos sobreviven. Algunos, lo hacen solos, aun siendo muy pequeños. Otros son separados de sus padres en el camino. Todo para encontrar que al otro lado no está esa tierra de oportunidades que les prometieron, sino una vida ilegal y en ocasiones llena de abusos.

Drama de los niños migrantes

Uno de los temas más sensibles en torno a la situación de los migrantes centroamericanos (Guatemala, Honduras, El Salvador y México) que cruzan ilegalmente todos los días la frontera con Estados Unidos es la situación de los niños.

Algunos viajan en compañía de sus padres, llevando en sus espaldas un morral con las pocas pertenencias que pueden cargar para ese viaje, el único juguete que los entretendrá.

Otros van solos, porque ante la desesperanza de ser víctimas de la pobreza, la ausencia de servicios, la imposibilidad de enviarlos a una escuela o la amenaza real que corren sus vidas a manos de bandas criminales, sus padres han decidido enviarlos al país del Norte, a encontrarse con algún familiar o incluso abrirse camino por sí mismos.

Víctimas instantáneas

La entrada ilegal a Estados Unidos entraña una situación de vulnerabilidad inmediata para quienes la emprenden. Ya el cruce entre Guatemala y México está poblado de los llamados “coyotes” y el tráfico humano es cada vez más común en la zona.

Antes y después de cruzar una frontera, la amenaza de estos y otros delincuentes se hace inminente y muchas personas irregulares se convierten inmediatamente en víctimas.

Aun salvados de esos peligros, muchos serán interceptados por las autoridades migratorias, sufrirán detenciones y deportaciones. En estos casos, los niños son separados de sus padres y puestos bajo custodia.

En el caso de los niños que entran solos, la situación es todavía más irregular, pues no existe un protocolo para atenderlos y mucho menos en el volumen en el que se están presentando desde los últimos tres años.

Sólo entre octubre de 2017 y junio de 2018, según cifras de UNICEF, al menos 286.290 migrantes fueron interceptados en la frontera suroeste de Estados Unidos, 37.450 de los cuales eran niños no acompañados, y 68.580 eran unidades familiares.

Tolerancia cero

En abril de 2018, el Gobierno de Estados Unidos emprendió la política de “tolerancia cero”, que tiene como objetivo procesar por la vía penal a toda persona adulta que ingrese a ese país ilegalmente.

Desde entonces y durante varias semanas, los adultos detenidos en la frontera fueron separados de sus hijos. Un total de 2.551 niños de a partir de 5 años y 102 menores de 5 años fueron separados de sus padres.

El 20 de junio de 2018, el Gobierno firmó una Orden Ejecutiva que ponía fin a esta política y según UNICEF, la mayoría de los niños fueron reunidos con sus representantes, aunque algunos seguían retenidos con sus padres, mientras se definía su situación legal.

Complicaciones de salud

Desde diciembre de 2018, cinco migrantes menores de edad, todos de nacionalidad guatemalteca, han perdido la vida estando bajo custodia de las autoridades estadounidenses.

Las edades de los niños fallecidos oscilan entre los 2 y los 16 años, y las causas de sus muertes están relacionadas con complicaciones de salud que han sufrido antes, durante o después del cruce de la frontera.

Sin embargo, estas muertes amplían el foco sobre la calidad de la atención que están recibiendo las familias detenidas en la frontera, muchas de las cuales, según ya se ha conocido, son obligadas a dormir en el suelo y pasan su reclusión en condiciones bastante inadecuadas.

Los niños perdidos

Han sido muchas las irregularidades que se han reportado con los niños migrantes. Especial atención merece el caso de los menores que llegan sin acompañamiento, es decir; que cruzan solos la frontera.

Más allá de las dificultades que han podido enfrentar en el camino, una vez llegan a Estados Unidos son detenidos y procesados. La oficina de reubicación de refugiados del Departamento de Salud y Servicios Humanos se ocupa de ellos, mientras pueden ser entregados a un patrocinador o tutor.

Según un reportaje de The New York Times, en 2017, el Gobierno perdió el rastro de 1.475 niños migrantes que habían llegado solos a Estados Unidos y puestos bajo custodia de patrocinantes. En 2016, la cifra era de 4.159.

El problema es que estos menores, una vez puestos bajo custodia de un patrocinador, enfrentan procesos de deportación. Al considerarse a sí mismos como ilegales, se esconden de las autoridades oficiales y entonces el problema de vulnerabilidad que los ha acompañado desde antes de cruzar la frontera, vuelve a manifestarse.

Algunos niños son obligados a trabajar como mano de obra prácticamente esclava, mientras otros sufren todo tipo de abusos que no denuncian, por temor a una deportación.

BBC Mundo reportó que en 2016, 20 menores fueron puestos en hogares donde fueron abusados sexualmente y maltratados. Muchos cambian de dirección y nunca reciben notificación de su situación legal. Se vuelven invisibles.

Las bandas, al otro lado

Una de las razones por las que muchos niños y adolescentes migran de manera ilegal es porque sus padres intentan protegerlos de las bandas criminales que pululan en los países centroamericanos.

Algunas de esas bandas, como la Mara Salvatrucha, se han reorganizado en Estados Unidos y comienzan a reclutar a jóvenes centroamericanos que se encuentran en situación de ilegalidad.

Estos niños y jóvenes, que han sufrido en muchos casos traumas y abusos para los que no reciben ningún tratamiento, no manejan bien el idioma, no poseen las herramientas apropiadas para integrarse y no pueden tener acceso a un permiso de trabajo.

Después de todo lo que han pasado, los peligros que los sacaron de sus países de origen y los alejaron de sus familias, no se han ido del todo.

Sin solución en el corto plazo

El presidente Donald Trump anunció a principios de junio de 2019 detalles de su plan migratorio. Sin embargo, la situación de los niños migrantes no fue incluida entre los anuncios, una omisión que ha sido criticada ampliamente y en la que algunos ven la piedra de tranca para una posible aprobación del plan en el Congreso.

Trump ha calificado lo que se vive en la frontera como una “crisis humanitaria”, pero aparte de la creación del muro, sobre cuya necesidad se insiste en la propuesta, no hay todavía noticias de cómo se atenderá esta situación.

Mientras tanto, organizaciones no gubernamentales de apoyo para los refugiados y particularmente, para los niños, observan con atención la frontera estadounidense. A finales de 2018, Save The Children emitió un comunicado en el que su CEO, Carolyn Miles, se refiere específicamente a esta crisis:

“Un incremento en la militarización de la frontera entre Estados Unidos y México y el bloqueo del acceso al asilo para familias que huyen de la violencia puede incrementar el miedo y el trauma para estos niños que ya han sobrevivido un agotador periplo.

Urgimos a la Administración a proveer protección para todos los niños y familias vulnerables”.

Los niños siguen llegando. El río migratorio no parece estar cerca de detenerse. Y la atención de buena parte del mundo siguen puestos allí, en esa frontera que representa la salvación y al mismo tiempo el mayor de los riesgos para tantas familias.

 

Publicado el 24 de junio de 2019.