Antonella Montes de Oca, ganadora de la Lotería de Visas de EEUU

fotoeeuu_peq“Por las vueltas que da la vida, tuve la suerte de ganarme una green card”.

Profesión: estudios de Ingeniería

Edad: 20 años

Ciudad/ País de origen: Región Centro-Occidental, Venezuela

Fecha de salida: 2013

Ciudad/ País de destino: Estados Unidos de América

¿Por qué te fuiste de tu país?

Me fui sin querer irme y ahí estuvo mi error. Por las vueltas que da la vida, tuve la suerte de ganarme una “tarjeta verde” o “green card” (tan anhelada por muchos).

Y para los que no lo saben, cuando te otorgan la visa de inmigrante, te fijan un plazo de seis meses para entrar en Estados Unidos, debido a que aquí terminas de hacer los trámites para ver la “tarjeta verde” y tenerla en tus manos.

Por eso partí, porque cómo se explica que la fortuna llegue a tu casa y tú no le abras la puerta. Sería tonto, ¿no es así?

¿Qué fue lo más difícil de la decisión?

En cuanto a quedarme, lo difícil era que cursaba el séptimo semestre de Ingeniería y me faltaba poco para alcanzar la meta.

Además, todo lo había hecho con gran esfuerzo porque trabajaba hasta los domingos, para costear, junto con mi madre, los gastos de la universidad y de la carrera.

De modo que me mantenía con mi propio esfuerzo, cohibiéndome de un sinnúmero de cosas para asegurar el dinero de los estudios.

Por supuesto que el empleo era a destajo pero bien pagado y contaba con mi familia y amistades. En suma, tenía una vida hecha en Venezuela.

Con respecto a irme, me debatía en un dilema, pues pensaba en la experiencia que significaba, en que estaba joven y, si no lo hacía en ese momento, ¿cuándo lo intentaría?

A lo anterior se agregaba la creencia de que el ente que me ayudó a llegar a esta tierra me auxiliaría, ¿parecía lógico, no? Igualmente, al que le comentaba o el que se enteraba del hecho exclamaba: “Es lo máximo… pin pum pam… blablablás”…

En realidad, si vamos a hablar con claridad, los venezolanos “comemos” cuentos y vivimos de apariencias. Por eso, me resultó fácil decirme a mí misma:”Ahora voy a vivir en Estados Unidos, ¡qué éxito!”

Por fin me decidí, impulsada por la obligación de salir, ya que, si me quedaba, perdía la visa, y después si quería, por ejemplo, un visado de estudiante, me lo iban a negar, ya que alegarían que desaproveché la oportunidad anterior.

En efecto, los norteamericanos registran cada detalle y, como afirma el Capo, en la conocida novela colombiana: “Los gringos son lentos, pero no pendejos”.

¿Por qué seleccionaste el país o ciudad de destino?

La ciudad escogida para residenciarme al emigrar pertenece a uno de los estados del sur, muy poco conocido.

Para salir y establecerme en mi nuevo destino, conté tan solo con el apoyo de Dios y la Virgen, amén de las amistades que nos despidieron en el aeropuerto con sus bendiciones y buenos deseos.

Asimismo, traje mil dólares, que era lo que autorizaba el gobierno cuando no tenías tarjeta de crédito.

Describe los primeros tiempos

Confieso que lloré desde el primer día de mi llegada y aún lloro, hasta el punto que, si pudiera cambiar algo en mi vida, sería la decisión tan radical que tomé de venirme para acá.

Al principio, me vendieron la idea de que una “green card” me obligaba a vivir en este país y, por mi ignorancia, hice caso; sin considerar que no todo lo que brilla es oro.

Al mes conseguí trabajo en la famosa cadena “Aros Dorados de Venezuela” (Mc D.), donde desempeñé varias tareas, desde limpiar baños hasta atender las órdenes. En ese tiempo, me desenvolvía con un conocimiento básico de inglés.

Dejé ese empleo por aspirar a un sueldo más alto. En esa búsqueda, he aseado habitaciones en hoteles, cuidado niños y limpiado casas. En resumidas cuentas, me anoto en cada “tigrito” (trabajo de supervivencia) que sale, como quien dice.

Reconozco que estoy sola en este lugar. De manera que nadie me ayuda a pagar la renta, la comida, los recibos de agua, luz, cable, Internet (sin el cual no vivo) y gas. Tampoco el mercado. Por lo tanto, a camellar, como diría un “parcero”.

Describe tu situación actual

Actualmente “mato tigritos” (trabajos de supervivencia) y en esa situación estaré hasta que consiga algo estable. Me mudé a otro estado, donde el frío aterra y el trabajo disminuye con la temporada.

No obstante, los gastos siguen. Por consiguiente, acepto lo que salga, esperando que las condiciones mejoren.

No me he inscrito en cursos ni he tomado clases para perfeccionar el inglés, debido a que necesito un empleo permanente para meterme en ese compromiso.

¿Te arrepientes de la decisión? ¿Qué harías distinto si pudieras repetir la experiencia?

¿Me arrepiento? Hay días que sí y otros que no, como dice la canción de J. Balvin,  “Ay vamos”. Creo que si ya estoy montada en el burro debo terminar de arriarlo. ¿Para dónde voy a coger con esa pata hinchada? ¿A mi meta?

Estimo que de mi experiencia se derivan los siguientes consejos para los que planean salir de su patria:

1. Si deseas triunfar en este país, trabájale a un estadounidense, porque es triste y muy lamentable que gente de tu misma raza (latinos) te quieran perjudicar y otros emigrantes también.

2. Si llegaste legal y estás legal, júntate con tus iguales, ya que andar con ilegales te puede traer problemas. (Ellos vienen con un chip de que son menos que otros o algo así). ¡Aléjate de ellos!  Aplica el dicho “Mejor solo que mal acompañado”. Te lo enseña la experiencia.

3. Ten presente que no hay quien te tienda una mano. Nadie te ayuda por nada. Aterriza. ¡No estás en Venezuela!

4. Aquí se paga en dólares hasta la cosa más tonta que tú harías como un favor.

5. Antes de emigrar de forma definitiva, deberías venirte primero por un mes para probar y no dejar todo de golpe. Lo cierto es que en esta nación existen demasiados aspectos que no son como te los pintan.

¿Piensas volver a tu país?

Sí y cuento los días. ¡Mi Venezuela es lo máximo! La gente es gente, existe el amor, la compasión, la ayuda desinteresada. Encuentras el “no importa, vamos, yo te brindo” o el “dale, yo te doy la cola”, entre otros.

En estos tiempos, la economía de mi país anda mal; sin embargo, tengo fe y sé que pronto van a superarse los problemas. Solo aguardo hasta que eso ocurra para regresar.

Testimonio publicado el 11 de marzo de 2015.

 

¿Quieres enviar tu testimonial?
Sigue las siguientes instrucciones, aquí>>