Prácticamente el 98% de los españoles son católicos, aunque no todos participan activamente de los ritos propios de la religión. El 2% restante se divide entre las religiones judías e islámicas que aún persisten en tierras españolas.

Durante la Edad Media, el cristianismo, el judaísmo y el islamismo convivieron como opciones religiosas sin distinción, pero desde la época de los Reyes Católicos y la Inquisición, el cristianismo se convirtió en la religión oficial de los españoles.

Las Constituciones liberales del siglo XIX establecieron la libertad religiosa, pero durante los períodos conservadores, la religión católica se convirtió en la religión oficial del Estado.

El carácter aconfesional del Estado español se expresa en el artículo 16 de la Constitución que establece: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal.”

El mismo artículo garantiza “la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.” Y se agrega: “Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.”

Sin embargo, en España, la religión no está relegada a un asunto personal y privado, sin derechos específicos ni posibilidad de presencia en el espacio público. Al contrario, la religión católica sigue ocupando un espacio preponderante en el seno de la sociedad española. La instrucción escolar es un claro ejemplo de ello. La enseñanza religiosa es una materia en las escuelas y, junto con la asignatura valores éticos, es promediada al final del curso y se toma en cuenta en la ponderación numérica para pedir ayudas y becas.

El respeto por todas las religiones y la libertad de culto en España está ampliamente extendido, aunque la influencia de la Iglesia católica siga siendo todavía muy importante.

Para conocer más sobre la idiosincrasia en España conviene leer la sección ¿Cómo son los españoles?