"Una persona pertenece al sitio donde se siente mejor y a la comunidad por la cual trabaja".

Profesión: Profesor y Comerciante

Edad: 39 años

Ciudad/ País de origen: Caracas, Venezuela.

Fecha de salida: febrero de 1996

Ciudad/ País de destino: Berlín, Alemania.

¿Por qué te fuiste de tu país?

Buscando una forma de vida más tranquila y segura. En el momento de decidir mi salida, tenía un negocio en Caracas y, en realidad, estaba bien económicamente hablando; pero la inseguridad y la corrupción en el país me impulsaron a irme.

¿Qué fue lo más difícil de la decisión?

Estar lejos de mi muy numerosa y unida familia y vender todo lo que había logrado adquirir con tanto trabajo y suerte, sabiendo que ese dinero en dólares se iba a reducir a nada.

¿Por qué seleccionaste el país o ciudad de destino?

Me había casado dos años antes con una chica alemana y, aunque estábamos decididos a vivir y probar todo en Venezuela, al final nos sentíamos tan decepcionados que tomamos la decisión de establecernos en el país de origen de mi esposa.

Describe los primeros tiempos

Adaptarse a esta nación es sumamente difícil, en especial para un venezolano. De hecho, no hay por estas tierras tantos inmigrantes latinos como en otros países europeos. El idioma es muy difícil de dominar y el clima, a veces, resulta sencillamente insoportable. El sentimiento de no pertenencia y la diversidad de costumbres de ambas culturas hacen que los primeros meses o años sean desconcertantes; pero siempre está la satisfacción de ver, vivir y tener cosas que en tu patria no existen. Trabajar es lo más difícil en Alemania, ya que para todas las profesiones y oficios hay estudios que deben hacerse. De hecho, hasta para trabajar en un supermercado y seguir cualquier estudio, necesitas dominar el idioma, o sea, hay que empezar desde el principio. Yo tenía estudios universitarios en educación especial casi terminados y pensaba concluirlos aquí. Asimismo, era dueño de un restaurante en Los Palos Grandes de Caracas y jefe de ocho personas. Ahora me encontraba lavando platos en un restaurante de albaneses, en un pueblo de la ex DDR (República Democrática Alemana). Sin embargo, siempre pensando en positivo, logramos encontrar trabajos mejores y alquilar un apartamento decente. La historia cuenta que los alemanes son personas racistas. No obstante, con base en mi experiencia, puedo decir que nunca he tenido problemas ni por ser ópticamente reconocible como latino, es decir "bastante negrito", ni por no hablar perfectamente la lengua. Los alemanes son muy abiertos y te dejan integrarte con facilidad a su cultura. Al respecto, considero que es muy importante en cualquier nación que alguien comparta y se adapte a las costumbres en vez de imponer las suyas, lo cual no significa que uno olvide las propias.

Describe tu situación actual

En los momentos me he integrado casi 100% a la comunidad donde vivo, tengo dos hijos (4 y 6 años), trabajo en una escuela como profesor de español, mi esposa administra su propio negocio, compramos un apartamento en un sitio bellísimo y muy tranquilo en las afueras de Berlín y hemos logrado conocer a muchas personas, de las cuales algunas resultaron muy buenas amistades.

¿Te arrepientes de la decisión? ¿Qué harías distinto si pudieras repetir la experiencia?

No me arrepiento para nada, a pesar de que he pasado mucho trabajo y depresiones; pero he logrado conseguir lo más valioso que hay en la vida para una familia con hijos: la seguridad personal y social, algo que hasta las personas más pudientes en Venezuela no pueden tener. Recomiendo a aquellos con intenciones de emigrar que no dejen nada sin terminar, por ejemplo, si están estudiando, culminen su carrera. Además, necesitan llegar con un nivel adelantado del idioma del país elegido, eso evitará muchos problemas. Aseguro también que una persona pertenece al sitio donde se siente mejor y a la comunidad por la cual trabaja, no al país del cual obtuvo un pasaporte.

¿Piensas volver a tu país?

Aun cuando, en ocasiones, después de 11 años, me siento todavía extranjero en este país; de cierta manera, cuando voy a Venezuela, también me siento extranjero porque ya han cambiado para mí los valores de la vida y el mismo modo de vivir. No pienso volver porque sé que en Venezuela ya no se puede vivir. Uno se acostumbra porque no tiene más salida, pero eso de que te dan un tiro por un handy o por tu cartera (cosa ya normal) es tan increíble que, cuando lo cuento, no me lo creen. Puede que algunos no lo entiendan; mas, para sentirse orgulloso de su nación de origen, hace falta más que una foto de la Gran Sabana, del Salto Ángel o de la última fiesta con los "panas". Reconozco, eso sí, una cosa inigualable de mi país: el calor de los venezolanos, sobre todo de las mujeres.

Testimonio publicado al 08 de abril de 2007

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