Existe un aumento constante, desde la década de los 90, en el deseo de emigración en varios países latinoamericanos. Los llamados factores de expulsión encabezan la lista de razones: problemas económicos como el desempleo y la pobreza extrema; la inseguridad personal y la incertidumbre política.

En el caso venezolano, en los segmentos sociales ABC, los problemas de seguridad se muestran como “el problema más importante de la vida”. Estos datos son clara señal de un desarraigo que se origina, principalmente, en el miedo a entrar en las estadísticas de las víctimas de la delincuencia.

En el caso argentino, como en el español, destacan el desempleo y la inestabilidad económica. En Colombia, por su parte, imperan además los motivos de inseguridad provocados por la presencia de los grupos guerrilleros en varios departamentos de ese país, así como también el factor económico.

Además, existen razones de atracción que fomentan el movimiento. Las economías de las naciones desarrolladas y sus pujantes mercados laborales, son un imán para los jóvenes profesionales latinoamericanos que buscan mejores opciones.

La migración mexicana hacia Estados Unidos, hasta comienzo de 2010, era el típico ejemplo de este magnetismo ejercido por la bonanza económica de una nación en particular. Los cambios en las leyes migratorias en varios estados de la unión norteamericana y el impacto de la crisis bancaria de 2008 han sido suficiente para invertir el ciclo.

Existe el fenómeno denominado crisis de oportunidades para el auto-crecimiento como la principal razón para la diáspora de profesionales jóvenes. Emigrar, para la mayoría de los latinoamericanos, es algo más que la búsqueda de oportunidades económicas, de un trabajo. Muchos señalan la ansiedad cultural y la no visualización en sus países de origen de un futuro acorde con sus expectativas.

Muchos profesionales o jóvenes padres de familia sienten que las crisis de sus países están haciendo excesivamente difícil el desarrollo de la simple vida cotidiana, por lo tanto el exterior es el contexto ideal para la búsqueda de la autorrealización.

¿Qué motiva la migración?
Los demógrafos señalan la interacción de dos fuerzas: el señuelo de un sitio distante -la esperanza del empleo, por ejemplo- y los aspectos adversos en el lugar de origen: situaciones económicas y políticas inestables; hasta desastres naturales o epidemias.

Una explicación simple de la migración es que cierto lugar atrae a una persona por la posibilidad de obtener mejores condiciones de trabajo, libertad, propiedad o paz social, mientras que el lugar donde vive la expulsa por los bajos ingresos o desempleo, la represión política, la pobreza o situaciones extremas que ponen en peligro su supervivencia.

Generalmente, la decisión de dejar el país de origen es muy compleja y depende del caso individual de cada persona, su sistema de creencias y valores; sus nexos familiares y afectivos; las relaciones histórico-políticas de su país con otras naciones; y toda la red internacional de rutas y patrones de migraciones ya existentes y establecidos (migración de asiáticos a la costa pacífica norteamericana, los movimientos fronterizos entre México y Estados Unidos, por ejemplo).

La toma de una decisión
Toda migración voluntaria está basada en decisiones individuales. Este proceso de decisión envuelve dos fases diferentes. Primero, los individuos (especialmente aquellos que son cabezas de familia) tienen en particular que adaptarse a la idea de dejar sus bienes en el lugar de origen. Segundo, tienen que decidir el momento adecuado y la forma de hacerlo.

En esa decisión se pueden distinguir las denominadas fuerzas de repulsión (procedentes de la nación de origen), mejor conocidas como factores de empuje (variables socioeconómicas, políticas y hasta de autoestima y realización personal) así como fuerzas de atracción del país de destino (seguridad social, marcos legales y jurídicos, mejores condiciones socioeconómicas en general).

En la sección Antes de partir, se analiza el proceso de toma de la compleja y difícil decisión de emigrar.