Hablando en general sobre el subcontinente, cifras de 2008 señalan que la mayoría de inmigrantes latinoamericanos son hombres menores de 35 años con algún oficio o acreditación profesional. En términos generales, la mejor manera de comprender el perfil del emigrante hispanoparlante de la última década es definiendo las causas de expulsión de las naciones de origen: crisis económica con impacto en las tasas de empleo, en el caso de España; y hasta inseguridad personal, violencia e inestabilidad política, en el caso de varias naciones latinoamericanas.

Consecuentemente, quien puede lograr finalizar exitosamente un proceso migratorio legal es quien tiene las herramientas a disposición: manejo de idiomas extranjeros, certificaciones en disciplinas y oficios requeridos en las naciones de destino.

Quienes se están yendo responden a situaciones estructurales que constituyen diarias razones de expulsión. Pertenecen, en su mayoría, a una parte de la población calificada. Este segmento, además, ha establecido unas redes sociales que le permite acercarse a otros países y conseguir trabajo o ha tenido vínculos con empresas en el extranjero. Los jóvenes formados, preparados, con habilidades y los jóvenes de los sectores medios, son quienes emigran de estas naciones.

Emigración elite… ¿fuga de cerebros?
Los latinoamericanos y los españoles de la clase media, calificados y con ganas de mejorar su situación económica, se están marchando de sus países. Es importante acotar las características de ese inmigrante: sectores medios, formados en universidades o en tecnológicos en naciones con limitadas posibilidades de insertarlos efectivamente en el mercado laboral local. Son hombres y mujeres de un estrato que las empresas de investigación gustan denominar ABC+.

Muchos la definen como una fuga de cerebros: la emigración de individuos altamente calificados de un país a otro, proceso entendido universalmente como una pérdida de capital humano para el país emisor. Sin embargo, las comunidades trasnacionales generadas por estos profesionales viviendo en el exterior de sus naciones de origen, desarrollan vínculos con sus países, ya sea a través de intercambios con colegas coterráneos o a través de las plataformas sociales en Internet. También destaca la enorme cantidad de dinero que se moviliza a través de las remesas internacionales, fuente importante de ingresos para muchas naciones latinoamericanas.

A la hora de encasillar el caso de la emigración de los jóvenes profesionales latinoamericanos como una típica “fuga de talento”, nos encontramos con las denominadas “elites internacionalizadas“, las cuales, se pueden entender como el tercio superior de la población cuya movilidad las diferencia de las viejas aristocracias latinoamericanas. En general, las clases profesionales de estas naciones han sido parte esencial de las elites que han gobernado, son “internacionalizadas” por varias razones, que se pueden resumir en:

-El exilio de un buen número de latinoamericanos durante los años de las dictaduras de los años setenta y ochenta, factor que permitió obtener una “experiencia extranjera” a un importante número de los protagonistas de las acciones políticas de los últimos 50 años de la historia contemporánea regional.

-Las inmigraciones españolas, portuguesas e italianas de los años 50 que otorgaron a muchos latinoamericanos de primera generación el acceso a un segundo idioma y a una segunda nacionalidad (la mayoría de las veces con ventajas extraordinarias para obtener acceso a becas o simplemente ingreso a los países industrializados).

En un contexto global contemporáneo donde coexisten el marco local de restricciones en algunas naciones y el amplio espectro de estímulos provenientes de países y economías pujantes, los migrantes calificados se han convertido en un grupo social privilegiado dentro del espectro general de los inmigrantes. Su estatus legal, en la mayoría de los casos, facilita su integración a la sociedad de acogida sin restricciones y les permite también tener acceso a los beneficios ciudadanos como seguridad social o salud.

En cifras globales, de las 34 naciones que conforman la OCDE (organización de cooperación y desarrollo económico) hay un total de 13 millones de inmigrantes altamente calificados, originarios de los países en desarrollo. De ellos, 7 millones viven en Estados Unidos y 6 millones en el resto de dichas naciones. Estos migrantes residentes de Estados Unidos poseen mayor nivel de instrucción que el promedio de las poblaciones que permanecen en sus países de origen.

Las políticas migratorias de las naciones industrializadas.
Mirando la coyuntura actual de comienzos de la década de 2010, la incierta situación internacional vigente impactará en las tendencias de la emigración en el corto y mediano plazo. Muchos expertos demógrafos identifican señales de una reducción de velocidad en la migración internacional. Contradictoriamente, mientras las fuerzas de atracción existan, la migración calificada continuará e incluso podrá aumentar como alternativa válida para situaciones estructurales de muchas naciones industrializadas como el envejecimiento de sus poblaciones.

Los países típicamente receptores de migrantes han tenido recientes modificaciones en sus políticas, haciéndolas mucho más restrictivas con respecto a la inmigración internacional. Las clásicas naciones de destino: Estados Unidos, Canadá y Australia, que han mantenido una puerta entreabierta, han limitado los permisos de ingreso y permanencia orientándose a autorizar la entrada de personas con educación elevada y habilidades u oficios precisos.

Existen contradicciones y conflictos importantes en cuanto a la migración internacional en las sociedades de los países desarrollados.

Por razones demográficas y económicas (reducción de la población económicamente activa, envejecimiento general de la población), la inmigración internacional es necesaria para ellas. Igualmente, el conflicto entre los inmigrantes y las sociedades de acogida tienen como consecuencia medidas que son cada vez más restrictivas.

Sin embargo, en el marco de la importancia que tiene la posibilidad de disponer de una fuerza de trabajo educada, que es considerada como una riqueza básica, la inmigración calificada ha sido promovida y definida en programas claramente definidos y limitados.

Durante la década de 1990, algunos países europeos (Francia, Reino Unido, Alemania e Irlanda) estimularon programas de reclutamiento de trabajadores con especializaciones específicas (ejemplos típicos son los programas orientados a reclutar especialistas en sistemas y tecnología, junto con personal profesional de la salud).

Más recientemente, en 2009 la Unión Europea, para paliar las carencias de mano de obra y competir en mejores condiciones con Estados Unidos, ha dispuesto la creación de una tarjeta azul (blue card), destinada a autorizar personal altamente calificado del exterior a trabajar durante un período de dos años en los países de la UE. La “blue card” responde a la “green card” que emite el gobierno norteamericano, aunque esta última no posee un límite temporal.

España: buscar trabajo en las antiguas colonias
Las cifras oficiales de ciudadanos españoles residentes en el exterior es cercana a los 2 millones de personas. El balance entre emigrantes y inmigrantes se ha invertido, siendo superior quienes buscan fuera de la península ibérica una mejor vida.

Es lo que la prensa española ha etiquetado como el exilio laboral que ha movilizado fuera de las fronteras a más de 500.000 españoles desde el inicio de la crisis económica.

Cambio importante si se contrastan las anteriores diásporas castizas, entre los nuevos emigrantes predominan los menores de 45 años de alto perfil profesional técnico-universitario. Este capital humano joven y preparado tiene como objetivo, principalmente, el Reino Unido, Italia y Francia en Europa; cruzando el Atlántico –por su parte- lideran el ranking Estados Unidos y las naciones que conformaban las antiguas colonias en la América hispana sin dejar de incluir, por extraño que parezca, al gigante Brasil, país de habla portuguesa que constituye la sexta economía del mundo.

Este llamado exilio laboral español iniciado en 2008 se presenta a través de las cifras como un fenómeno seriamente estable. 2011 mostró un incremento superior al 25% en la cifra de españoles mayores de edad que viven fuera de la península.

El desempleo y el manejo flexible de las leyes laborales por parte de los empleadores, aunados al alto costo de la vida (vivienda, manutención, alimentación) son factores de expulsión concretos de un fenómeno que pareciera permanecer.

El perfil del exiliado laboral español es el de un joven menor de 35 años con una elevada calificación técnica o profesional.

El país en el que residen más españoles mayores de 18 años es Argentina, seguido por Francia, Venezuela y Alemania. En 2011, el país con el incremento más significativo en Europa fue el Reino Unido (7%), seguido por Estados Unidos, México y Brasil.

España y Portugal fueron por lo menos desde los años 90 un imán para inmigrantes de sus antiguas colonias. En la actualidad, desde 2009, se está produciendo una contracorriente y estas antiguas naciones colonizadoras envían a los dominios de antaño a su juventud más preparada en busca de trabajos y una mejor calidad de vida.

La elevada deuda pública y el desempleo están cambiando los patrones migratorios y haciendo que una generación de profesionales formados en el Viejo Mundo intente vivir la buena vida en antiguas colonias latinoamericanas o africanas.

Los portugueses tienen como objetivo Angola y Mozambique en África; y en América al gigante Brasil, nación cuya economía creció un 8% en 2010 y con predicciones de que la tendencia continúe a un 5% anual hasta el 2014, año del Mundial de fútbol en Río de Janeiro.

Los españoles, por su parte, se encaminan hacia sus antiguas colonias de Latinoamérica. Las cifras a la fecha hablan de unos 30.000 españoles en Argentina para el 2010; 6.400 en Chile y 6.800 a Uruguay. Indiscutiblemente, estos aumentos de más del 10% en la tendencia son consecuencias de hechos tangibles en la península: luego de 2009, una de cada cinco personas no tiene trabajo por la recesión.