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España, nación abierta a la inmigración
Uno de los aspectos más significativos de la historia de España es la sucesión de oleadas de diferentes pueblos que se extendieron por toda la península.

Actualmente, sus ciudades son habitadas, por una parte, por población española muy diversa: castellanos, asturianos, andaluces, valencianos, catalanes, canarios, vascos y gallegos. El resto de la población se compone por gente proveniente de muchos países, la mitad de algún país miembro de la Unión Europea, y la otra mitad está repartida principalmente entre extranjeros latinoamericanos, africanos y asiáticos.

La historia española confirma que los primeros inmigrantes en asentarse en sus tierras fueron los íberos, un pueblo del norte de África. Hoy está considerada como la tribu que fundó un importante reino de cultura al sur de España. Después llegaron los celtas, un pueblo típicamente ario, y de la unión de ambos, surgió la etnia de los celtíberos que se agruparon en varias tribus: cántabros, astures y lusitanos, entre otras.

Atraídos por la riqueza minera llegaron los fenicios, que fundaron varias plazas comerciales a lo largo de la costa, la más importante de las cuales fue Cádiz. Después, el territorio español recibió a los griegos, que fundaron varias ciudades como Rosas, Ampurias y Sagunto.

En su lucha contra los griegos, los fenicios convocaron a los cartagineses, quienes a las órdenes de Amílcar Barca, se apoderaron de la mayor parte de España. Fue en esta época cuando Roma inició una disputa fronteriza en defensa de las zonas de influencia griega, y así comenzó la segunda guerra púnica, que decidió el destino del mundo en ese momento.

La victoria de Roma hizo que su dominio se prolongara durante seis siglos, dejando como legado a España la lengua latina, el derecho romano, la religión cristiana y la conformación de los municipios. Cuando cayó el Imperio Romano los suevos, los vándalos y los alanos entraron a España, pero fueron derrotados por los visigodos, que a finales del siglo VI ocuparon prácticamente toda la península.

A comienzos del siglo VIII los árabes se introdujeron por el sur de España. La época de dominación musulmana se divide en tres periodos: el Emirato (del 711 al 756), el Califato (756-1031) y los Reinos de Taifas (1031-1492).

En 1492, el matrimonio de los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, preparó el camino para la unión de los dos reinos, cuando se llevó a cabo el Descubrimiento de América. La unificación del territorio español bajo una única corona trajo consigo la defensa a ultranza de la religión católica, que se hizo evidente con la aparición de la Inquisición, (tribunal eclesiástico que castigaba los delitos contra la fe cristiana) y con ella, uno de los sucesos más sombríos de la historia española. La persecución de la uniformidad religiosa y cultural terminó con la expulsión de los judíos y musulmanes que se negaban a convertirse a la religión católica. Además, durante este período, las Islas Canarias se convirtieron en territorio español y se afirmó la hegemonía de España en el Mediterráneo.

En la historia contemporánea española, principalmente, durante los siglos XIX y XX, el tema de la migración en España se caracterizó por las fuertes corrientes emigratorias hacia países extranjeros. Este período fue signado por dos procesos fundamentales. Por un lado, los desplazamientos tradicionales a países europeos por motivos fundamentalmente laborales, se fueron haciendo cada vez más largos y sostenidos, básicamente hacia naciones como Bélgica, Reino Unido y Francia. A esto se le unieron procesos políticos de gran trascendencia como la Guerra Civil española y el posterior régimen dictatorial del General Francisco Franco, lo cual motivó la emigración hacia Iberoamérica, convirtiéndose entonces, muchos países latinoamericanos, entre ellos Venezuela, en grandes receptores de ciudadanos españoles en busca de un hogar.

Actualmente, España es una de las naciones de inmigración preferidas por los latinoamericanos, en especial por las terceras y cuartas generaciones de aquellos españoles que salieron de sus tierras en busca de mejores oportunidades.

Sin embargo, estadísticas recientes del Ministerio del Interior Español confirman que el fenómeno migratorio en España no presenta aún las dimensiones que tiene en otros países europeos como Alemania, Francia o el Reino Unido. Además, se afirma que España tiene todavía más emigrantes que inmigrantes.

Si bien el número de inmigrantes se ha triplicado en quince años, actualmente se cuentan más de 539 mil residentes extranjeros oficialmente censados en España, es decir, un 1,3% de la población total. Sin embargo, es necesario matizar estos resultados ya que no existe un registro fidedigno de los residentes ilegales en España, que según las asociaciones de Derechos Humanos, se ubican entre los 200 y 300 mil.

La política de inmigración española actual subraya la importancia de atraer nuevos inmigrantes que tengan estudios o formación profesional que puedan ser de utilidad para el crecimiento económico del país.

En manos del Instituto de Migraciones y Servicios Sociales (Imserso), organismo adscrito al Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, recae la responsabilidad de ejecutar el Plan para la Integración Social de los Inmigrantes, de tal manera que no exista discriminación y se garantice una situación legal y socialmente estable para todo inmigrante. Sin embargo, España también recibe inmigrantes por otros motivos, como en el caso de reunificación familiar o por motivos humanitarios.

España posee un buen historial de reasentamiento de refugiados. Es uno de los 118 países comprometidos con el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), organización creada en 1951 para asistir y proteger a los refugiados. La Asociación España con ACNUR se fundó con el fin de difundir la tarea que realiza la institución en todo el mundo.

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