“La actitud con la que asumas todo el proceso de emigrar es determinante en cuanto a los resultados que se obtienen”.

Profesión: Socióloga

Edad: 28 años.

Ciudad/ País de origen: Acarigua, Venezuela.

Fecha de salida: agosto de 2000.

Ciudad/ País de destino: Atlanta, Estados Unidos.

¿Por qué te fuiste de tu país?

Decidí salir del país justo al graduarme de socióloga en la Universidad Central de Venezuela. Venía temporalmente con mi esposo a estudiar inglés, para después regresarme a mi país. Sin embargo, se presentaron ciertas oportunidades y hoy ya vamos a cumpli

¿Qué fue lo más difícil de la decisión?

Los pros fueron el apoyo de mi familia, la ilusión de comenzar algo desde cero y conocer otra cultura; los contras, dejar en segundo plano mi reciente grado y el miedo de haber tomado una decisión errada.

¿Por qué seleccionaste el país o ciudad de destino?

Nos vinimos para Atlanta, Estados Unidos, porque tuvimos el apoyo fundamental de mi hermana y su esposo, quienes nos recibieron en su casa y a través de ellos obtuvimos la información de cómo comenzar con el idioma para, luego, aplicar por una visa de trabajo temporal. También nos proporcionaron los contactos necesarios para conseguir, tanto mi esposo como yo, empleos estables.

Describe los primeros tiempos

Al principio, nos sentíamos como en un viaje de placer. A pesar de estar en casa de familiares, cada día era totalmente distinto de nuestra vida en Venezuela. Las costumbres de este país pasaron de ser gratas, a ser negativas por momentos. El consumismo que todos disfrutamos por un periodo de vacaciones, se torna agobiante con los meses. Solo si trabajas duro y ganas medianamente bien, puedes satisfacer el nivel de vida norteamericano que tenemos estereotipado. Es interesante cómo llegar a un equilibrio entre el consumismo americano y nuestras costumbres se presentó como un reto, en medio del bombardeo del día a día.

Describe tu situación actual

Ahora que ya tenemos tres años en este país, cuando veníamos solo por seis meses a aprender inglés, miro hacia atrás y no puedo negar que hemos ganado en muchos sentidos: un idioma nuevo, estabilidad económica y, sobre todo, hemos crecido por medio de experiencias únicas. Digo únicas, porque ningún caso es igual a otro y, aunque todos venimos en busca de lo mismo, a cada cual se le presentan situaciones diferentes. Yo no he ejercido mi carrera y en ciertos momentos me he sentido muy frustrada, aun así, cada día me regalo la oportunidad de conocer algo totalmente nuevo y aprender de todo lo que me rodea. Eso sí, la actitud con la que asumas todo el proceso de inmigración es determinante en cuando a los resultados que se obtienen. Una actitud positiva es la única vía de “aguantar” el ser inmigrante y no estar en tu país.

¿Te arrepientes de la decisión? ¿Qué harías distinto si pudieras repetir la experiencia?

No me arrepiento en lo absoluto. Yo creo que toda experiencia es ganancia. Y sí, a veces, pienso que haría algunas cosas distintas, por ejemplo: haber valorado más mis días en Venezuela y haberme empapado más de lo nuestro. Aunque, incluso, eso es “ganancia”. Hoy quiero mucho más a mi país y me siento muy orgullosa de donde vengo. Los sentimientos que afloran con el tiempo, en tu condición de inmigrante, son fuertes y hay que vivirlos para entenderlos. Es casi imposible plasmarlos en palabras. Nunca, nunca, nunca me he sentido a “mis anchas” en este país, aunque no puedo negar que también he aprendido a admirar la infinidad de cosas buenas que esta sociedad nos ha brindado. Mi recomendación para otros: de nuevo, la clave es la actitud con la que se afronte la decisión de irse del país y llegar a otro. No importa si te vas a empezar de cero, si sales con un título, si llevas mucho dinero o nada. Lo importante es estar positivo y todo fluirá de esa manera. Eso sí, traten por todos los medios de mantener un estatus legal en el nivel de inmigración. Eso es fundamental para que se les abran muchas puertas. Hoy respeto enormemente la determinación de volver a la patria, de quedarse, de no salir nunca. A fin de cuentas, todos tenemos una historia única y el pedacito de Venezuela que nos pertenece, nadie nos los va a quitar, estemos donde estemos.

¿Piensas volver a tu país?

En mi caso, sí lo pienso. Y la eterna interrogante es ¿cuándo? Y así se van pasando los días. No quisiera generalizar, pero, en ocasiones, imagino que todo inmigrante sueña con vivir lo que sea que lo mantiene en otro país, dentro de su nación de origen. Creo que nunca se pierde el deseo de volver y vivir como se ha estado viviendo afuera, pero en tu suelo, con tu gente y con tu aire. Un día te preguntas si ha valido la pena; y el otro te dices que no importa donde vayas o te quedes, siempre y cuando agarres “lo bueno y bonito” de donde estés.

Testimonio publicado al 23 de mayo de 2004

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