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Migración
Inmigrantes
y mercado laboral
Muchos autores sostienen que la
inmigración beneficia a los empleados, consumidores
y hasta la posición económica internacional
de los países que reciben esta clase de población.
Incluso, sostienen que no afecta negativamente las oportunidades
de trabajo de la población nativa ni los excluye de
trabajos complementarios.
Por
supuesto, la inmigración afecta segmentos de la población
del país receptor de distintas maneras. Los consumidores,
inversores y compañías que emplean inmigrantes
se benefician de la inmigración. Para los trabajadores
en general, es más una mezcla de beneficios con posibles
pérdidas de oportunidades.
Alrededor
del 10 al 15% de los inmigrantes en los países ricos
son ilegales, un poco más en Estados Unidos, un poco
menos en Australia y Canadá.
Los
inmigrantes no autorizados típicamente entran por vías
ilegales, aunque una gran mayoría de ellos (alrededor
del 40% en Estados Unidos) entran legalmente y no se van al
expirar sus visas. Otra categoría involucra a aquellos
que entran con una visa pero violan sus términos, usualmente
trabajando.
En
Estados Unidos muchos inmigrantes sin autorización
actualmente están llevando a cabo un proceso legal
de solicitud de inmigración pero están esperando
visas disponibles.
La
mayoría de los inmigrantes ilegales se concentran en
trabajos que han sido abandonados por la fuerza local y legal
de trabajo. En Japón, por ejemplo, muchos de esos trabajos
se caracterizan por "las tres K": "kiken, kitsui
y kitanai", que en japonés significan: peligroso,
difícil y sucio.
A
todo lo largo del avanzado mundo industrial con sus generosos
sistemas de bienestar general, a cualquiera le será
muy difícil encontrar nativos o inmigrantes legales
de larga data, recogiendo frutas y vegetales; haciendo los
trabajos de aseo y limpieza en locales comerciales, hoteles
y restaurantes; cosiendo o remendando ropa o proveyendo la
mayoría de los servicios domésticos y personales.
Incluso,
se habla de un nuevo "renacimiento urbano", a partir
de las últimas dos décadas del siglo XX, gracias
a la llegada de importantes oleadas de inmigrantes a las grandes
ciudades de Europa y Norteamérica.
El
influjo de los trabajadores nacidos en el extranjero ha dado
un nuevo respiro al sector manufacturero que se encontraba
languideciendo. Los inmigrantes, sostienen quienes sugieren
la existencia de dicho renacimiento, han sido una fuerza laboral
más flexible y así los empleadores industriales
no se han visto obligados a mantener sueldos en paridad con
las normas locales.
Por
otro lado, la inmigración ha propulsado la "economía
del servicio", ya que constituye una importante fuente
de mano de obra para la vasta infraestructura de trabajos
de poca paga que descansan sobre los servicios especializados
y el estilo de vida de los empleados con altos ingresos.
Servicios
de mensajería, lavanderías "a la mano"
francesas, restaurantes étnicos, tiendas de comida
gourmet, reparaciones y servicios domésticos, son sólo
unos pocos ejemplos de los trabajos de baja remuneración
necesarios para la operación normal del sector de los
servicios especializados en las grandes ciudades de los países
desarrollados.
Los
inmigrantes representan una mano de obra deseable porque son
relativamente baratos, confiables, y están dispuestos
a realizar trabajos ocasionales.
Los
inmigrantes también permiten la continua expansión
de los servicios hechos y creados para los trabajadores de
oficinas. En realidad, estos servicios se están convirtiendo
en una de las principales actividades económicas en
las grandes ciudades.
El
alto costo de vivir en las ciudades que son sede de importantes
centros corporativos requieren que los hogares de los profesionales
tengan más de un ingreso mensual para poder mantener
un estilo de vida clase media. Esto, en consecuencia, obliga
a esta "nueva aristocracia" a consumir cada vez
más los servicios que en otras épocas hubieran
producido para ellos mismos.
De
no ser por la fuerza laboral extranjera, el costo de los servicios
especializados para el sector burócrata de la población
en ciudades como Nueva York o Los Ángeles (Estados
Unidos) sería impagable por los empleados corporativos.
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